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El problema de llamarse Josefa Pérez

06/06/2012 Félix Emilio López Conde
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Lo que les voy a contar sucedió en un país al sur de Europa, bañado por el Mediterráneo. Es la historia de Josefa Pérez, una mujer de 32 años, casada desde hacía 7 años y con dos hijos, una niña de 5 años y un niño de tres. Últimamente no le iban bien las cosas, hacía 7 meses que se había quedado sin empleo, trabajaba de secretaria en una empresa de construcción y ésta presentó un ERE que afectó a Pepita, como la solían llamar sus compañeros de trabajo. Su pareja CMR trabajaba de mecánico electricista en una empresa de mantenimiento que empezaba a tener problemas económicos por la falta de pago de los clientes, lo que repercutía en las nóminas de los 8 trabajadores que tenía la empresa, cobrándolas cada vez más tarde. Hasta aquí, la historia vulgar de una familia normal en un país en crisis.

Un día Josefa fue noticia, cosa rara porque ya digo que era una familia normal como muchas otras. Josefa fue noticia porque CMR la había matado.

Esa noche CMR llegó un poco tarde a cenar, además de llegar con varias copas de más y según parece Josefa le recriminó la falta de consideración, porque el pequeño estaba en la cama con fiebre y hubiese podido venir más pronto para dar de cenar a la mayor, mientras ella preparaba la cena para los dos.

A partir de aquí fueron los vecinos que al oír gritar a CMR., a Josefa pidiendo auxilio y a los niños llorar, llamarón a la Guardia Civil.

Cuando llegó la Benemérita se encontró a CMR encima de un coche, herido y sin conocimiento, cuando accedieron a la vivienda de Josefa en el 2º piso, se encontraron a Josefa muerta en medio de un gran charco de sangre y a los niños encerrados en una habitación llorando, el espectáculo era dantesco.

Hablando con los vecinos contaban que era una pareja normal, alguna vez se les había oído discutir, pero lo normal. ¿Quién no discute hoy en día conforme están las cosas?, nos decía el vecino del mismo rellano. CMR era una persona amable, que se brindaba a solucionarte algún problema eléctrico que tuvieses en casa, nos contaba una vecina, Josefa sin embargo era más reservada, incluso a veces tímida sobre todo cuando iba con CMR. Otra vecina estaba preocupada por los niños, que iba a ser de ellos, porque en el pueblo solo vivía la abuela de Josefa que era viuda y ya rozaba los 70 años.

Nadie se lo podía imaginar.

Al día siguiente Josefa, muy a su pesar y sin quererlo, apareció en los medios de comunicación como la víctima nº 47 de Violencia de Género de ese año y en todos los medios la noticia terminaba con un: “Nunca había denunciado a su agresor” el Ministerio de Seguridad Social, Igualdad y Convivencia, por medio de la titular mostró su repulsa por el asesinato, diciendo: “La Violencia de Género es una vergüenza y la lacra de nuestra sociedad”. En el ayuntamiento se guardó un minuto de silencio en memoria de Josefa Pérez.

CMR después de matar a Josefa había intentado suicidarse tirándose por el balcón, en la caída se rompió el fémur, la cadera, tuvo una luxación en el hombro y se dio un fuerte golpe en la cabeza que le hizo perder el conocimiento. Fue operado en el hospital y durante tres meses y medio acudió diariamente en ambulancia a dicho hospital desde la cárcel, para la rehabilitación. Debido al sentimiento de culpabilidad ya que la noche en que mató a Josefa llevaba una tasa de alcohol alta y para no caer en depresión, contó con la atención de un psiquiatra, una psicóloga y una trabajadora social. Poco a poco fue relajándose empezó a hacer trabajos de jardinería, acudía a clases de inglés y en los ratos libres iba al gimnasio, a la piscina climatizada, en la sala de lectura disponía de ordenador e internet y si se aburría se iba a ver Gran Hermano, en la tele de plasma que había en la celda.

El juicio salió al año y medio aproximadamente, le cayeron 13 años por homicidio, ya que el asesinato no se pudo probar porque no hubo alevosía y aunque Josefa tenía varias heridas profundas de arma blanca y la cabeza destrozada, la intención de CMR no era causarle más dolor del necesario ya que su objetivo era matarla y no hacerla sufrir innecesariamente, por lo que tampoco se pudo probar el ensañamiento. Sólo existía el agravante de parentesco aunque estaba la eximente de estar con una tasa de alcoholemia alta en el momento de matar a Josefa.

De los niños y su suerte hablaré otro día. Pero si que se preguntarán qué relación tiene el título con la historia que he contado. Pues es fácil de adivinar, la mujer de esta historia no se llamaba Ana González o Mari Luz Aznar o Vicky Zapatero o Celia Rajoy, ni siquiera se llamaba Esperanza Dívar ni Carmen Caamaño… Ese fue el problema de Josefa, el apellido, al final sólo fue la víctima nº 47 y para las estadísticas no había denunciado nunca al agresor.

Mi intención en este relato no es desear mal a nadie, sino contar la realidad y expresar mi enorme decepción y frustración por los poderes legislativos y ejecutivos que nos gobiernan o nos han gobernado. Incapaces de coger el toro por los cuernos, puede que alguna cornada se llevasen en la lucha, pero siempre es mejor eso, que cortarse la coleta del fracaso haciendo un símil taurino.

Tan sólo me falta pedir que en las oposiciones a miembro del Gobierno o miembro del Consejo General del Poder Judicial, anulen la norma que prohíbe al opositor sacar una nota alta en el examen de sentido común.

Soy Félix Emilio López Conde padre de Rocío López Agredano, asesinada en Valencia el 30/11/2008 a la edad de 25 años por Jairo Ortiz Cortés de nacionalidad colombiana. Actualmente cumple condena de 20 años por asesinato en la cárcel de Picassent, (Valencia) por un delito de Violencia de Género. Dentro de poco más de 6 años ya podrá disfrutar de permisos carcelarios.


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