Alejados del decoro y la vergüenza, tristeza producen las palabras de quienes hablan a gritos para que todos le escuchen. Otros opinan desde la ignorancia, sin evaluar el daño que su verborrea pueda producir. Basta un titular, una opinión que se desee creer. Posiblemente les de igual o estén en ello para tal menester. Expertos como son en materia, se llenan la boca de palabras sin razonamiento alguno. Ahora, estos verdaderos paladines de la verdad, se alzan como fieles defensores del medio ambiente y arremeten contra Manuel Vilanova, una gran persona que ha hecho mucho por su ciudad, Vila-real, especialmente en temas medioambientales mediante la concienciación ciudadana, cursillos, actividades, exposiciones; con la introducción de arbolado, la ruta botánica, la ampliación de la pinada del Termet, el cambio de farolas; con la depuración de aguas, la instalación del regadio por goteo, la protección de espacios naturales y persecución de vertidos; mediante el apoyo asociaciones, con la planta de reciclado comunitaria y el ecoparque; con los constantes controles de la contaminación ambiental y, por supuesto, contra los ruidos.
Nos conmueven con el posible sufrimiento padecido por este matrimonio desde 1991, se olvidan comentarnos desde cuando están allí las empresas y como fue a construirse precisamente en esa zona un maset. También olvidan citar que Manuel Vilanova no fue alcalde hasta 1995 y que cuando se presentó la última denuncia el “problema” estaba solucinado. ¿Qué buscaban entonces? También nos hablan de tres denuncias presentadas en el mandato del Manuel Vilanova y se olvidan de las 16 presentadas durante la legislatura del anterior alcalde. ¿Por qué no actuó la justicia entonces? ¿Por qué olvida la justicia esos años si es la misma causa y son los mismos afectados? Solo cambia el alcalde.
Nos hablan del gran ruido ¿habrán revisado cuales eran exactamente las mediciones? Vean por favor los decibelios de éstas y sorpréndanse, la gran turbina del reactor vendido puede convertirse en un triste ciclomotor. También nos dan datos de un millar de vecinos ¿serán una familia muy numerosa? hablando por boca de los demás y confundiendo intencionadamente a quienes critican el ruido global de una ciudad con el de un punto en concreto. Nos hablan de Rocersa y se olvidan de la zona donde se halla, de las demás fábricas que desarrollan su actividad y del trabajo que dan a centenares de personas, así como del corredor acústico en que se convierte el cauce del Millars.
Sin duda alguna la Ley es para todos, la Justicia es sagrada y el Tribunal Supremo incuestionable... pero los ponentes... Los jueces son personas, y como tales pueden equivocarse, más desde la distancia y la frialdad; sin que por ello deba de ser cuestionada su honradez, incluso pueden ser burlados dentro de la gran fábula en que pueden derivar estas cuestiones. Pero... ¿qué pasa con la persona que ve destrozada su vida cuando una resolución desafortunada es dictada?
Nadie busca la verdad mientras del árbol caido se hacen astillas, todos sabemos que la mentira es la que causa sensación, la verdad tan sólo es pura frustación: los pirómanos siguen quemando nuestro patrimonio natural, los vertidos siguen degradando nuestros ríos, el progresivo daño de todas las costas españolas es incuestionable, el expolio de nuestros montes continua, nuestras especies protegidas siguen siendo abatidas, el lince agoniza mientras el veneno inunda nuestros campos, la posidonia se va... el humo negro de la chimenea, constante y machacante, sigue ahí... ¿Cuántas personas han sido condenadas por ello? Muchos son los casos de verdaderas acometidas contra el medio ambiente que podríamos hallar en los juzgados de toda España, casos que no llegan al Supremo y que cuando lo hacen pasan desapercibidos. ¿Dónde está entonces el Tribunal Supremo? ¿Es esta la gran justicia en defensa del medioambiente prometida? No, por favor. Si la Justicia quería dar ejemplo, mucho me temo que en esta ocasión no ha estado excesivamente acertada.