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Reportaje
16/05/2006
Los milagros de Sant Pasqual Baylón
  • Fray Pascual Rambla los relata en su obra
Autor: B. Costa
“Bartolomé Moliner tenía un hijo de tres añitos llamado José. Sufría de retención de orina. Corría el segundo día de la mencionada retención. El niño sufría horrores. Pasó fray Pascual para la limosna. Los padres, Bartolomé y Esperanza Adelantado, le exponen al Santo su aflicción. Fray Pascual tocó con la mano las partes en que sentía dolor el niño, e inmediatamente orinó con cálculos y arenilla”.

De esta forma relata fray Pascual Rambla, en su libro "San Pascual Baylón", uno de los muchos milagros que obró Sant Pasqual en Vila-real. Pero no fue el único lugar en el que protagonizó los hechos por los que sigue siendo recordado en numerosos pueblos, especialmente de Aragón, Albacete, Alicante, Valencia y Castellón.

Imagen de San PascualPascual Baylón nació en Torrehermosa el día de Pentecostes de 1540, o lo que es lo mismo el 16 de mayo de ese año. Sus padres eran Martín Baylón e Isabel Yubero, labradores de la población. De bien pequeño sintió una gran atracción por todo lo relacionado con el culto y el sacramento de la Eucaristía.

Empezó bien temprano a pasturar el pequeño rebaño de ovejas familiar. De él se dice que era cuidadoso y dulce con los animales. En la soledad de los campos aprendió a rezar, e incluso a escribir.

Cuando contaba con 17 años se marchó a tierras murcianas, en busca de su hermana Juana. Allí siguió como pastor, esperando que algún convento franciscano le abriese las puertas para ingresar en él.

De Murcia llegó al antiguo Reino de Valencia en 1560. Pastoreó en Elche, Catral, Albatera y Monforte del Cid, en cuyo convento de Nuestra Señora del Loreto solicitó el ingreso. Se le admitió el 2 de febrero de 1565. Aún ejerciendo como pastor, Pascual Baylón alcanzó altas cotas de santidad.

De todos eran conocidas sus virtudes. Desde 1573 recorrió los conventos de Villena, Elx, Jumilla, Aiora, València y Xàtiva y ejerció en ellos como portero, hortelano y cocinero. Pese a ello dio muchas muestras de sus dotes de consejo, milagro y profecía. Su fama de santidad se extendió por todas partes.

En 1576 el Provincial de la orden le designó para llevar una carta de alto gobierno al Padre General de la Orden, fray Cristóbal Cheffontaines, que se encontraba en París. Allá partió el santo, atravesando tierras de los hugonotes y poniendo en riesgo su propia vida. Llegó a la capital gala y volvió a su tierra entre insultos y golpes, pero también sembrando gran número de prodigios y heroísmos por el camino.

En el año 1589 le destinan definitivamente a Vila-real, su último destino franciscano, donde murió a los tres años, un 17 de mayo de 1592.

El 19 de octubre de 1618, transcurridos tan sólo 20 años desde su muerte, el Papa Pablo V concluyó su proceso de beatificación. Y el 16 de octubre de 1690, el también Papa Alejandro VIII le canonizó. Desde entonces es Santo, con mayúsculas, para centenares de miles de devotos de todo el mundo.

No son pocos los milagros que, tras su muerte, siguió realizando Sant Pasqual y que, en su día, formaron parte del expediente que le llevó a los altares. De nuevo es fray Pascual Rambla quien lo relata: “Uno de estos casos ocurrió en Cervera del Maestrazgo. Corría el 22 de mayo de 1639. El niño Miguel Agramunt, de cuatro años, iba con la niña Cecilia Cardona, de nueve, a las afueras de la villa, a jugar al campo. Se acercaron a una balsa de agua que había allí. Y en un descuido de Cecilia, el pequeño Miguel cayó en la balsa. Desapareció en seguida, hundiéndose en el agua. La niña, asustadísima, corrió hacia el pueblo, gritando y pidiendo socorro. Acudió mucha gente, pero nadie veía al niño, porque la balsa tenía mucha profundidad. El tío del pequeño, llamado Antonio Agramunt, se echó al agua, vestido y todo. Antonio era de estatura más bien alta. Vio en el fondo el hábito que llevaba su sobrino Miguel. Hemos dejado de decir que Miguelito vestía el hábito de San Pascual, por una promesa de sus padres al Santo. Antonio Agramunt asió del hábito y sacó al niño a la superficie. Estaba presente el cirujano, don Pedro Martínez, quien le hizo los ejercicios respiratorios, sin que lograse que el niño reaccionara. Le dio por muerto, así como el médico, Jaime Martorell, que acudió también al lugar del hecho. El pequeño había permanecido bajo el agua por espacio de tres cuartos de hora. Esperaron que acudiera la autoridad judicial para levantar el cadáver. Cuando ya le llevaban para casa, su padre, Francisco Agramunt, invocó fervorosamente a San Pascual. Luego llamó en voz alta a su hijo:
-- Miquelet, Miquelet!
E instantáneamente el niño abrió los ojos y le respondió también en valenciano:
-- Mon pare!
Y se encontró bien, de forma que ni siquiera tuvo que guardar cama. Este es el suceso, al que cabe calificar de raro y extraordinario. Así se lee en los Procesos”.

Actualmente, los restos de Sant Pasqual reposan en el sepulcro existente en su basílica, rodeado de verdaderas obras de arte. Cabe recordar que, con anterioridad a la guerra civil, el cuerpo incorrupto del santo se guardaba en una urna de estilo churrigueresco de gran valor que, como otras reliquias, se destruyó como consecuencia de aquel conflicto bélico y de una conflictividad social que ni siquiera respetó el arte que encerraba el convento del Rosario, en el que Sant Pasqual acabó su vida.


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COMENTARIOS DEL ARTÍCULO

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Mi padre
Autor: Tony Agramunt Enviado el 11/12/2007 a las 12:55:50
desde la IP 213.98.219.xxx
Quién fué el tío del niño rescatado que aparece en este documento?
Me consta que mi padre, que tiene mi mismo nombre y apellidos que yo, se adentró en el hielo, aunque siempre se me explicó que fué por motivos de atrevimiento. No sé si constan fotos del evento, pero quisiera conocer algúna opinión o documento más sobre este evento. Probablemente no pertenece al relato mentado, pero la curiosidad acerca de un hombre que rebosaba de grandes reservas, me lleva a intentar transmitir mis inquietudes.
Tony




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