Rompiendo la tradición de las últimas ediciones festeras de Vila-real, el buen tiempo respetó la noche de la ‘xulla’. A diferencia de años anteriores, la lluvia no apareció y los vecinos y visitantes de Vila-real pudieron salir a la calle para hacer el fuego, asar la carne, y cenar en compañía fuera de sus casales.
De esta manera, la ciudad se rindió a una de las tradiciones más antiguas que se conservan en la población y que se viven tanto en las fiestas patronales como en algunas de los barrios de Vila-real.
Los hornos y panaderías volvieron a tener trabajo extra en la tarde de ayer, ya que cada vez son más las penyas que deciden asar la carne en el horno como se hacía hace unas décadas. Pese a ello, la noche se convirtió en una mezcla de fuego y humo que inundó todos los puntos de la localidad. La mayoría de las calles permanecieron cortadas al tráfico rodado para permitir que a última hora de la tarde los vecinos pudieran empezar a hacer las brasas en las que luego asar la carne.
Si los hornos tuvieron trabajo, lo mismo le sucedió a los responsables de las carnicerías de Vila-real, que ayer despacharon mucho más género que en cualquier otro momento del año.
La normalidad marcó la tarde-noche en la que no faltó casi nadie. Hay que tener en cuenta que no son solamente las penyas las que salen a la calle para cenar la ‘xulla’, sino que la inmensa mayoría de vecinos saca sus mesas y sillas fuera de casa para compartir esta tradición que marca cada lunes de las fiestas de Sant Pasqual y la Mare de Déu de Gràcia.