Casales, cocheras, casas antiguas y nuevas y cualquier lugar cubierto es el lugar idóneo para celebrar, por todo lo alto, la tradicional nit de la xulla. De esta forma, las calles volvieron a llenarse el lunes por la noche de cientos de hogueras, rememorando aquel evento que hace 27 años introdujo en las fiestas patronales de mayo y septiembre la primera corporación elegida democráticamente.
Muchos fueron los que guisaron al horno, a la manera tradicional, la xulla. Pero muchos más fueron quienes encendieron sus hogueras en plena calle para, sobre las brasas, asar miles de kilos de carne de cordero, longanizas, butifarres, blanquets o tàrbenes. Tampoco faltaron la careta de cerdo o el tocino. Sin duda, una cena que, posteriormente, obliga a hacer algo de dieta.
Es, sin duda, el acto más participativo de los festejos patronales y, al mismo tiempo, el más económico para el Ayuntamiento, ya que es la propia gente de la calle –amigos, familiares o vecinos— quienes se montan su propia historia. Eso sí, siempre con un alto grado de convivencia y hermanamiento ciudadano.
Todo el mundo disfrutó del multitudinario evento festivo, incluso la delegación que, procedente de la ciudad eslovaca de Micalovce, visita Vila-real coincidiendo con los festejos de Sant Pasqual. En un conocido restaurante, los viajeros eslovacos disfrutaron de las buenas viandas villarrealenses en compañía de la reina del 2006, Lina Granell, y las damas de su corte de honor, así como con representantes de la corporación municipal, entre ellos el concejal de Fiestas, Ignasi Clausell.