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Sanidad y Salud

Una investigación del Hospital La Fe concluye que los potitos industriales y los caseros presentan un perfil nutricional semejante

28/10/2012 | elperiodic.com  
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• Las papillas industriales cada vez son más utilizadas

El Dr. Dalmau, jefe de sección de la Unidad de Nutrición y Metabolopatías del Hospital Universitari i Politècnic La Fe ha realizado una investigación del Instituto de Investigación Sanitaria La Fe (IIS La Fe) en colaboración con la Universidad de Murcia en la cuál ha analizado las posibles diferencias entre los potitos industriales y los purés caseros para alimentación infantil, concluyendo que su perfil nutricional es semejante.

La investigación evidencia que no existen diferencias importantes entre ambos productos. En cuanto a las diferencias proteicas de los potitos y los purés, apunta que dependen de la variedad cárnica empleada o a la cantidad añadida a la fórmula.

El Dr. Jaime Dalmau, jefe de sección de la Unidad de Nutrición y Metabolopatías, ha destacado “la importancia de analizar el contenido de las papillas infantiles, tanto caseras como industriales, ya que los pures comerciales listos para el consumo han cobrado una gran importancia debido al escaso tiempo del que disponen muchas familias para elaborar los purés de forma casera”.

Respecto al contenido en sodio, los investigadores explican que depende de la formulación y de la cantidad de sal añadida, por lo que en el caso de los purés caseros, se corre el riesgo de sobrepasar las concentraciones de sodio recomendadas ya que en la mayor parte de las ocasiones se añade sal “a ojo” o dependiendo del gusto de los padres.

En cuanto al contenido en grasas, las cantidades contenidas tanto en los potitos industriales como en los purés caseros es muy similar, aunque algunas marcas refuerzan el contenido en ácido linoleico y linolénico con la incorporación de aceites de semillas.

Los investigadores recuerdan que en el periodo comprendido entre los cuatro y los seis meses de vida del niño, se produce su maduración digestiva, renal y del sistema inmunitario, y el hecho de ofrecerles papillas muy dulces o salados pueden influir en sus preferencias posteriormente.

Desde los cinco o seis meses se debe comenzar a incluir en la dieta del menor alimentos ácidos de forma progresiva.

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