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17/05/2010 | elperiodic.com  

Patrimonio concluye la recuperación de la torre campanario de Ayódar

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• La directora general de Patrimonio Cultural Valenciano, Paz Olmos, ha presentado la restauración de la torre
• Cultura ya intervino en la torre para recuperar su la policromía exterior en 2006 y ahora ha rehabilitado el interior del emblemático edificio
La directora general de Patrimonio Cultural Valenciano, Paz Olmos, ha presentado hoy las intervenciones de restauración de la Torre campanario de los Padres Dominicos de Ayódar, declarada Bien de Interés Local. Estas obras conforman la segunda fase del proyecto inicial de una reforma que se inició en 2006 con la recuperación del exterior de esta emblemática torre campanario.

Durante las intervenciones en la parte externa, los técnicos especialistas rescataron la policromía original del inmueble y repararon las cornisas y las cuatro gárgolas de piedra con forma de cabeza de león que se ubican entre el fuste y la primera planta campanario.

La imponente torre cuenta con 36 metros de altura y formaba parte del desaparecido Convento de los Dominicos, construido en 1575 con el objetivo de convertir al cristianismo a la población morisca que habitaba en aquellas fechas el pueblo. Esta finalidad sólo llegó a cumplirse en los municipios de Torralba del Pinar y Villamalur, pero no en Ayódar y Fuentes, según la documentación de la época, lo que provocó el desahucio de los habitantes de éstas dos poblaciones tras el decreto de expulsión morisca de Felipe II en 1609. La torre, que es lo que hoy se conserva, fue construida en 1601.

El director técnico del proyecto de remodelación, Jaime Sirera, explica que las actuaciones de reforma que afectan al interior suponen “una limpieza exhaustiva así como la reposición del revestimiento de paredes, pavimentos del suelo, cerrajería y mobiliario, la consolidación de los elementos deteriorados y la renovación de la instalación eléctrica”.

Las obras de rehabilitación del interior han contado con un plazo de ejecución de seis meses y un presupuesto de 120.000 €, de los que la Dirección General de Patrimonio ha invertido 40.000 y el resto ha corrido a cargo del programa Leader-Ruralter, que emana de la Unión Europea.

El alcalde del municipio, Ramón Balaguer, ha manifestado la intención de la corporación municipal de convertir la torre en “un mirador turístico al que pueda acceder cualquier persona”.

Una torre en tres cuerpos
El primer cuerpo, de caña cuadrada alzado sobre basamento moldurado por potente cornisa, contiene la caja de la escalera de vueltas, con obra en bóveda tabicada asida a los muros laterales, de tramos rectos con descansillos, iluminando el hueco de luces por sendas aspilleras, en cuyo último tramo ubicaba el cuarto del reloj. Gárgolas de cabezas de león en los ángulos, esculpidas en piedra, rematan este primer conjunto y desaguan la terraza del nivel superior.

Un segundo cuerpo a modo de arco de triunfo cuadrifronte, alzado sobre volado entablamento y basamentos y articulado por pilastras toscanas binadas, ejerce el ritmo compositivo del cuerpo de campanas, flanqueando los alargados vanos, aligerados para disminuir el peso, cegados en su parte inferior por la intervención dieciochesca y con cerramiento interior de bóveda de ladrillo, conservando numerosas oquedades correspondientes al maderamen e infraestructura para la instalación de las campanas y la fijación de los yugos.

Por encima del mismo, añadido a la fábrica original, se eleva un tercer nivel arquitectónico, destinado a la instalación del campanón de las horas, cuya viga de fijación se ha conservado. Se trata de un templete, conformado a la manera de rotonda, ordenado por pilastras toscanas de fuste liso a los costados de los vanos y con arbotantes angulares todavía poco desarrollados, en franca imitación todavía emergente de la popular tipología valenciana de la segunda mitad del setecientos, definitivamente desarrollada por el arquitecto José Mínguez. Rematando el conjunto el cupulín, cubierto con chapitel de teja vidriada azul y rematado por veleta de forja, anclada sobre bola o pináculo pétreo, con la iconografía propia de San Vicente Ferrer, de manufactura popular, alusiva a la advocación dominica del conjunto monástico desaparecido.

Poco es lo que queda de la policromía de los paramentos murales del edificio. La conservada, según sus características, conforma un programa decorativo de rameados, motivos vegetales y florales, flechas, marmolinas, recuadros e imitación de fábricas tabicadas, de un cariz eminentemente popular pero tremendamente dinámico y colorista.

La construcción del campanario, destinado únicamente a la contención de su finalidad funcional, se encontró sometida a la reglamentación propia en la erección de nuevos templos bajo unos criterios homogéneos y justificados, considerando la evolución vernácula pero sometiéndola a adaptación. Una circunstancia que, en términos arquitectónicos y por nuestras tierras, desembocará en un estilo desornamentado, con modelos procedentes de los tratados de arquitectura, transmitida bajo el reflejo directo del foco cortesano del Escorial.

Tierra morisca
Lugar de población mayoritariamente morisca, bajo el dominio histórico del señorío de Arenós, hasta la expulsión de los mismos y la repoblación consiguiente llevada a efecto por el barón de Ayódar, se produce el inicio de las obras de su convento en estas fechas de transición, coincidiendo la erección de la fábrica de su campanario con la última fase constructiva del conjunto. Sin apenas datos documentales o bibliográficos concretos que permitan el estudio más meticuloso del antiguo recinto, apenas se sabe detalle alguno del autor, de sus trazas ni de su proyecto, definitivamente arruinado con la desamortización y tras la ocupación de las tropas carlistas en el año 1837, sendos factores que auspiciaron el principio de una casi total desaparición de la que tan sólo se ha salvado la silueta de su campanario.

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