Dimarts 17 de Octubre de 2017

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Por J. P. Enrique

Tortilla española y crema catalana

15/10/2017
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El pasado día nueve a muchos se nos puso el corazón en un puño. Todo apuntaba que Puigdemont iba a proclamar la independencia y a que Rajoy iba a responder con dureza. Cualquier persona razonable sabe que, por ese camino, la escalada de  tensión  solo podía acabar en un estallido social.

Para poner imágenes y voz a lo que estaba anunciado iba a suceder el día 10, la prensa de todo el mundo había desplazado a sus corresponsales a Cataluña. La cita era a las seis de la tarde. Ada Colau, con responsabilidad, leía un comunicado apelando a la cordura y  al diálogo y exigiendo dar un paso atrás a ambos gobiernos. En el otro lado Pablo Casado echaba más gasolina diciendo  que al presidente catalán le iba a suceder lo mismo que a su antecesor Company que fue detenido, torturado y fusilado por los franquistas. No cabe mayor irresponsabilidad que la de este pirómano.

Todo estaba a punto. Solo faltaba dar el último paso de un procés conducido por ANC y Omnium con creciente apoyo popular  durante cinco años. Iba a nacer un nuevo Estado: Estábamos en el día del alumbramiento de un nuevo país en forma de  República.

Los soñadores idealistas se dispusieron para rodear el Parlamento agitando sus banderas esteladas para ser testigos del acontecimiento y soñando con ver nacer un país utópico: libre, justo, solidario, con más derechos, con políticos honestos e inteligentes y sin corrupción.

No se sabe que presiones recibió Puigdemont para que aparcara la savia independentista que corre por sus venas y sus ansias de pasar a la historia aunque fuera como mártir de la causa. Lo cierto es que una hora después de la anunciada, a las 19 horas 12 minutos del martes día 10, cambió su discurso para no proclamar nada, utilizando una frase confusa: “Asumo el mandato de que Cataluña se convierta en un Estado independiente en forma de República, pero la suspendo para dialogar.”

Al otro lado, pendientes de lo que dijera el presidente catalán, desde el gobierno de Rajoy salían mensajes de dureza, tal como exigía su derecha más montaraz. No obstante la respuesta  se dejó para el día siguiente en el que estaba convocado el Consejo de Ministros, y desde ahí salió un requerimiento a Puigdemont a que aclare “si ha proclamado la independencia o no”. Decían que con ese requerimiento iniciaban la aplicación del artículo 155. ¡No es verdad! La mención a ese artículo es solo para consumo interno. Rajoy (esta vez sí) había actuado con mesura y sentido de estado alejandose de las voces más duras de los suyos y de su competidor, Ciudadanos, que ha evolucionando desde buscar el voto progresista a querer pescarlo ahora en la extrema derecha. En serio: ¿de verdad se cree alguien que con el art. 155 o utilizando  más policía o el ejército va a solucionarse el problema catalán?

Puigdemont, tras dar el paso atrás intentó calmar a los independentistas con la firma solemne fuera del Parlamento de un manifiesto firmado por los de la CUP Y Junts Pel Sí . Un documento sin valor ni efecto alguno, solo útil para el consumo interno, como la apelación de Rajoy al artículo 155.

 Hay un dato importante que añadir: la decisión de Rajoy, pactada con Sánchez de  aceptar (ahora sí) una reforma de la Constitución para dar un nuevo encaje a Cataluña.

Es evidente, al menos para mí, que los dos líderes han dado un paso atrás. El primero Puigdemont en el último segundo. Lo ha hecho ¿Por la responsabilidad? ¿Por miedo? ¿Por las presiones llegadas de Europa como la última de Donald Tusk? ¿Por la huida de empresas, incluidas todas las del ibex (ya se sabe que el dinero no es patriota ni sabe de ideales)? ¿Por miedo al corralito al que se llegaría con seguridad por el pánico colectivo que es tan fácil desatar y que es capaz de producir la quiebra de cualquier banco hasta del más solvente? ¿Por un motín dentro del PDeCAT? ¿Por vértigo? ¿Por la multitudinaria manifestación españolista? ¿Por un pacto con el PP sellado a través de terceros? Nada importa. El hecho es que por cualquier razón (miedo, presión o responsabilidad) o por no tener planificado lo que debían hacer a partir de la solemne proclamación,  el líder catalán dio un paso atrás y a la vez el gobierno de Rajoy ha hecho lo mismo.

A partir de ahora todo apunta a que se inicia un nuevo escenario en el que la tortilla española y la crema catalana no sean incompatibles, pero hay que cocinarlas de otro modo para corregir los fallos cometidos condimentándolas de otro modo.

 A parte de soflamas para consumo interno, el clima es otro y se empieza a transitar por el camino del diálogo (que tantos nos hemos empeñado en señalar, durante tanto tiempo, como el único posible). Deberían haberlo hecho desde el principio.

Enfriados inicialmente los ánimos (hay que seguir enfriándolos en fechas próximas) el paso siguiente llegará este lunes con la respuesta de Puigdemont que apuesto porque sea ambigua, que reenvíe al gobierno las mismas palabras que pronunció el día nueve o que anuncie la convocatoria de nuevas elecciones. A partir de ahí Rajoy dirá que se propone aplicar el artículo 155 pero lo dilatará, sin aplicarlo en la línea de lo que le piden los más duros.

Por favor sigan por ese camino y manden a un balneario  a los más exaltados para que reposen allí tranquilos y relajados escuchando la música de sus enfervorizados himnos  envueltos con sus banderas. Será lo mejor para que no se rompa una tregua tan frágil.

 

REFLEXIONES DE UN JUBILADO DE CÁDIZ, ENFERMO DEL CORAZÓN, QUE FUE POLÍTICO Y SALIÓ DE LA POLÍTICA CON LAS MANOS VACÍAS. No importa su nombre.

“Algunos no sois fachas por sacar la bandera de España. Lo sois porque sólo la sacáis para oprimir. Nunca os vi en desahucios, o en las mareas o en un comedor social con ella. Este país está pasando por una crisis bestial pero algunos sólo la exhibís  cuando el soberanismo catalán se ha hecho fuerte. Yo soy de Cádiz, del sur. Pobres como ratas. Nunca he visto a los supuestos “patriotas” sacar las banderas para pedir pan, trabajo y dignidad. Así que no, no eres facha por tener la bandera. Lo eres porque tu país sólo es la bandera y el himno. Tu “gran nación” cabe en una caja de zapatos.”

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