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Por Eleuterio Fernández Guzmán

Cuando el poder está en manos de cuatro gatos

16/06/2016
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Los católicos no debemos olvidar aquello que dijo Cristo acerca de que debemos ser astutos como serpientes. Y lo decimos por lo que sigue.

Sabemos, como suele decirse, cómo está el mundo. Y es que el dejar de lado a Dios, el abandonarlo en un cajón porque se cree que no es útil para una modernidad hedonista y relativista, es el comportamiento propio de muchos seres humanos… católicos incluidos.

Pero bueno, el caso es que debemos darnos cuenta de qué es lo que está pasando. Y es que es demasiado grave como para esconder la cabeza debajo del ala como gallina asustada o, como avestruz hacerlo bajo tierra. No. Las cosas son como son y lo mejor es denunciarlas para que, al menos, no se crean, los de siempre, que al callar estamos otorgando sus muchas aberraciones.
Pero ¿Por qué decimos esto? ¿A qué viene el título de este artículo?

En general, podemos decir que el mundo está al revés. Y lo decimos porque es algo extraño y raro que siempre acaben imponiéndose las tesis de la minoría.

Sí, minoría muy minoritaria son los que no son religiosos y, en España, católicos, y eso no impide que todo tipo de atentados, normas, leyes y reglamentos, hagan lo posible para que una inmensa mayoría de católicos no exista. Y no, no es que vayan, otra vez, a quemar iglesias (aunque ya lo hacen otra vez) ni a matar curas o laicos por las calles. Ahora las cosas son más finas aunque igual de escandalosas. Ahora tienen los boletines oficiales y los gobiernos para imponer la ideología de género y el comportamiento políticamente correcto, ella y él propio de una minoría que, eso sí, tiene el poder en el mundo.

Y ahora, lo penúltimo, es lo sucedido en Valencia. El caso es que un colectivo que son, en verdad, cuatro gatos (y el que esto escribe lo sabe a conciencia y por conocimiento directo de la cosa) han blasfemado contra la Santísima Virgen haciéndola aparecer en obscena situación (por la cosa y por Quien está implicada). Queremos decir que han tenido la osadía (propia de malnacidos) de situar besándose en ya pueden imaginar ustedes qué postura y situación a la Virgen de los Desamparados de Valencia y a la Virgen de Monserrat de Barcelona. Todo propio de cerebros enfermos y viciosos que, como no es de extrañar, los poseen catalanistas, independistas y acaparadores de tierras que no son las suyas.

Y, en efecto, son cuatro gatos. Lo sabe quien esto escribe porque los conoce más que bien. Ahora, son cuatro gatos con amos muy poderosos que les transmiten sus propias ideas y les hacen hacer cosas que, en todo caso, están muy alejadas de la verdad.

Y eso pasa en muchos otros aspectos. Queremos decir lo de ser cuatro gatos y mangonear todo lo que se pueda mientras a uno le dejen.

Cuatro gatos son, por ejemplo, los homosexuales o, al menos, una proporción pequeña de la sociedad. Ellos, los más radicales, querrían que todos lo fueran y, de una forma u otra, están procurando no sólo que se respete su opción sexual (con lo que estamos, como católicos, plenamente de acuerdo aún creyendo lo equivocada que está) sino que se obligue a estar de acuerdo. Y hasta ahí podríamos llegar.

Queremos decir que está bien (sin estarlo) que alguien quiera hacer con su vida lo que tenga por conveniente pero de ahí a que hagan lo posible e imposible para que todos hagamos lo mismo o tengamos que decir “sí” donde es “no”… pues eso no puede ser ni debe ser.
Y, además, se permiten el lujo de denunciar al Arzobispo de Valencia porque ha tenido a bien decir la verdad que tanto les duele. Y es que como no están acostumbrados a recibir de su propia medicina se les acaba indigestando porque entienden la libertad de expresión como cosa propia de sus círculos ridículos de personas.

De todas formas, nosotros los católicos (recordemos, inmensísima mayoría al menos en España) vamos a seguir pidiendo por ellos aunque no deben creer que eso signifique que siempre vamos a permanecer como si la cosa no fuera con nosotros. Eso no.

Sabemos, de todas formas, que en verdad, más que gatos son perros… de presa al servicio de su amo.

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