Dijous 23 de Novembre de 2017

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Por María José Navarro

Hablar de género: una responsabilidad

15/05/2017
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Profe, ¿otra vez estás aquí? ¿otra vez vamos a hablar de esto? Pero si no lo necesitamos, que nosotros no somos machistas… Y yo sonrío por dentro, pensando en ese chiste de tinte machista que acaban de soltar por esa boquita que dice que no lo es.

Pues sí, les contesto yo a ellas y a ellos, que se resisten a hablar de machismos, micromachismos, estereotipos y roles de género que llenan esa mochila patriarcal que llevamos a las espaldas y que nos pesa tanto. Hoy vamos a seguir hablando de desigualdades, de lenguaje inclusivo (sí, ese que decís que no sirve para nada, que ya está el masculino genérico), vamos a seguir hablando de naranjas completas y de amores mal entendidos.

Porque cada día que pasa me reafirmo en la absoluta necesidad de hablar, y mucho, de género, pues se dan situaciones que siguen siendo desigualitarias y altamente perniciosas: chicas sometidas a la fiscalización de su vida por parte de sus “príncipes azules”, mujeres despedidas por no llevar minifalda, o por estar embarazadas, o por haberse cogido la baja maternal, anuncios en los que la imagen de la mujer es un mero objeto sexual, mujeres que por el hecho de serlo cobran menos que un hombre… y algo que ya es insoportable, mujeres asesinadas, casi cada día, por hombres que las consideran propiedad suya, por lo que tienen ese derecho sobre ellas y en muchos casos, sobre sus hijos e hijas.

Y aun me reafirmo más, cuando al entrar a una clase para hablar de ello, veo cómo hay personas que comienzan a ponerse nerviosas y moverse en sus asientos, y algunos chicos, y también algunas chicas, me cuestionan los datos, diciendo que de dónde los he sacado, que eso que estoy diciendo no es así, que las feministas somos unas exageradas, que sacamos punta a todo, que también hay hombres asesinados por mujeres y que ellos tienen amigos a los que sus novias les maltratan, que esos anuncios donde hay mujeres espectaculares tampoco están tan mal, que no nos quejamos cuando los que salen en el anuncio son hombres esculturales y mil y un argumentos para no dar su brazo a torcer, y ver lo evidente: las mujeres seguimos sufriendo desigualdades y violencia, por el hecho exclusivo de serlo.

Resulta preocupante observar cómo aquello que parece que tenemos superado por años de trabajo, en realidad sigue estando ahí y la sombra del machismo acecha sobre estas chicas y chicos que han crecido en el supuesto de aquella igualdad que no se ha acabado de fraguar.

Sin embargo, el esfuerzo se ve ampliamente recompensado cuando al finalizar la charla, compruebas que has sembrado una pequeña semilla de feminismo en las mentes de ellas y ellos; que aquella chica sometida a la arbitrariedad de su novio, se da cuenta que una relación tóxica no es lo que necesita en su vida; que aquel chico que utilizaba un lenguaje sexista va a hacer el esfuerzo de modificarlo; o aquel otro que decía que él no era machista va a ser mucho más crítico con sus propias acciones; o aquellas chicas que decían que no había que exagerar tanto, también se van a poner las gafas moradas, para ver su entorno desde otra perspectiva…

Y es que esa mochila cargada de prejuicios y estereotipos, pesa demasiado en los hombros y hemos de ir soltando lastre para poder continuar avanzando en el camino de igualdad. Es responsabilidad de todas y todos.

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Marietika
Tal como dices, es un problema la repetición de estereotipos machistas entre adolescentes. El amor romántico y la búsqueda de la "media naranja" justifica el control sobre el móvil, el control sobre las amistades, el control sobre el vestuario, el control sobre las relaciones sociales... cuando no hay más justificación que el control, la manipulación y el empoderamiento del uno contra la otra. Enseñar a nuestras adolescentes que pueden brillar por ellas mismas, lograr grandes cosas sin necesidad de estar a la sombra de un marido que las "proteja", que su vida es suya y la comparten con quien más les apetezca en cada momento y que pueden quedarse solteras toda la vida sin que esté mal visto, puede ayudar un poquito a romper esa interdependencia que casi nos obliga a ser más coquetas, más vulnerables, más sumisas...
Desde que San Agustín, en el siglo VI dijo que la mujer era una Eva que necesitaba del control de un hombre para no pecar, nos hemos creído que eso era verdad. Acabemos ya!
Enviado el 03/07/2017    
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