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Columna de opinión
Dr. Carajillo
Dr. Carajillo
Por Jaime Verdeguer

La Eros

07/07/2006
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Cuando la década de los 60 comenzaba a echar el telón, apareció en Vila-real un nuevo punto de reunión para la juventud local que, con el paso de los años se convirtió en santuario de visita obligatoria los fines de semana y fiestas de mojar.  Hasta que en la calle Cruces Viejas abrió sus puertas al público la discoteca EROS, los lugares de entretenimiento de los más jóvenes apenas alcanzaba a unas partidas de billar al de Julián, el cine y esperar al plan de Pascua.

Para nosotros, entrar en la EROS era adentrarse en otra dimensión, conocer de primera mano lo que era y significaba una discoteca con todas sus características y elementos y un campo abierto a la diversión, la relación más estrecha entre gente que ya nos conocíamos y, con algún punto de encubrimiento, la búsqueda y encuentro de las relaciones semi-sexuales que fueron la puerta abierta a las sexuales sin semi.

Os habréis fijado que escribo LA EROS, y no EROS; esto indica hasta qué punto era parte de todos nosotros y la familiaridad con que la tratábamos. Añadir a un nombre el o la ( siempre en el buen sentido ) significa acercamiento, significa confianza, significa complicidad y mil cuatrocientas cosas buenas más. Casi nadie decía nos vamos a EROS, nos salía con voz clara y concreta nos vamos a LA EROS. Antes de que se me quede en algún rincón de mi memoria atrapado, me gustaría agradecer a Adrián Gil el hecho de que, habiendo construido viviendas en el mismo lugar en el que se emplazaba la Discoteca, haya bautizado el lugar como EDIFICIO EROS; un señor este Adrián. Gracias por conservar en la memoria el nombre del santuario.

Los domingos por la tarde eran el punto culminante de la semana en el local,  a las cinco y media de la tarde comenzaban a formarse colas que alcanzaban algunas decenas de metros en la calle Santa Cristina y en el momento que el Sr. Antonio abría las puertas, la avalancha era total. Tenemos que recordar que en aquellos años había que pagar una entrada con derecho a consumición, y no era barato precisamente en los tiempos que corrían. Ya estamos dentro, nosotros a la barra, ellas a buscar sitio en los sofás más cercanos a la pista, dejar los bolsos y abrigos a cargo de una, y las demás en perfecta armonía, todas juntitas a los aseos; es curioso, pero esta costumbre es de las pocas que permanecen en pleno siglo XXI. Nosotros meamos en tres minutos, ellas obligan al minutero a coger un mareo tipo noria a toda velocidad. Mientras nosotros saboreábamos los primeros tragos de Bacardi con cola ( ji ji ja ja ), o JB con hielo ( ji ji ja ja ji ji ) o Smirnoff con limón ( jua jua jua ) o Gordons con naranja ( uffffff ), ellas salían de los susodichos aseos con más pinturas de guerra de las que traían desde casa, ya que la revisión del sargento chusquero ( mamá ) no permitía ciertas libertades que le diesen a pensar al chusquero ( mamá ) que le cosa iba de exhibirse. ¿ qué pasa, que mamá chusquero creía que la niña iba a misa de siete ?. Comenzaba la sesión.

La música en la EROS, aún siendo la misma que en otras discotecas, era especial; el ambiente le daba ese punto y aparte que no tenían otros lugares. Todo comenzaba con canciones aderezadas de un ritmo machacón que hacía que saltásemos a la pista con dos finalidades: bailar y marcar territorio, tanto los “los” como las “las”; así iban las cosas, cuando el disc jockey: nada de dj ni dijei ni hostias, el DISC JOCKEY con mayúsculas informaba subliminalmente de que se acercaba la sesión de lento, y, amigos, era el momento cumbre de la tarde. Tomar posiciones, ellos ajustarse el paquete para no sufrir percances en caso de ataque frontal, ellas otear el horizonte para situar en su campo de visión la pieza a cobrar si se ponía a tiro; algunos/as ponían hasta cara de póquer ( toda la semana esperando y este mamón no mira hacia aquí ni a empujones, la madre que lo parió. ), las primeras parejas salen a bailar; son dúos que ya han entrado juntos y no tienen que sufrir el stress de abrir la mini caja de las preguntas: ¿ bailas ?, ¿ quieres bailar ?, ¿ te apetece bailar ?, etc etc etc. El que de verdad comienza a sufrir es el aparato de aire acondicionado que no da abasto; todo ayuda un poco, la cantidad de gente que hay en estos momentos en la discoteca y las altas temperaturas que se están concentrando en la pista, debido a la fricción continuada de dos clases de materiales diferentes pero que al entrar en contacto producen un aumento de grados centígrados que el aparato del aire no puede atajar; y el problema añadido es que rexona falla en bastantes ocasiones, pero apenas importaba, el tema era conocer en la práctica cómo era una décima de milímetro ( si ella quería, claro ), o si él usaba un “ rexona “ que no fallara. Cuando terminaba la sesión de lento, la gente que había bailado en la pista había perdido media tonelada de peso en conjunto, pero había valido la pena para los/las que habían conseguido su objetivo: acercar cuerpos juveniles que comenzaban a adaptarse a lo que les llegaría con el tiempo: el uso correcto del cuerpo que les había correspondido en sus labores y entretenimientos como hombres/mujeres y aprender también a relacionarse socialmente con la misma gente que hasta esos días no habían abierto demasiado las puertas de las conversaciones y las amistades.

Continuaría hablando horas y horas de LA EROS,  y os prometo que lo haré, pero de momento vamos a dejarlo un tiempo porque he comenzado a volar en un sueño que me rodea despierto y me estoy alejando poco a poco del teclado del ordenador lo que me imposibilita llegar a él.

Doctor Carajillo desde la calle Cruces Viejas. Julio de 1970.
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