Dijous 14 de Desembre de 2017

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Por Vicent Albaro

Campeonato Nacional de Cantos de Pájaros F.O.C.S.E.

08/06/2017
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En l’Alcora, se ha desarrollado con notable éxito el  XXIV Campeonato de España de Pájaros Cantores, FOCSE, con un  gran poder de convocatoria social, que ha sido capaz  de congregar a gentes venidas de distintos y lejanos puntos de nuestra geografía, unidos por el amor al mundo de las aves canoras. Esos queridos pájaros que inspiran a muchos con su canto y colorido, en esa vieja fascinación del hombre por todo lo que vuela, haciéndolo más sensible y humano,   más tierno y delicado en el cuidado de esos pequeños seres, admirados por el don natural del gorjeo musical que nace de su canto.

También porque el cuidado de las aves silvestres y su entrenamiento para concursos de canto, constituye un arte singular revestido de  delicadeza y tenacidad, de gran vocación y sabiduría para discernir entre los pájaros, el que será un futuro campeón que le dará a su dueño jornadas de satisfacción y alegría. Es por ello que en este evento se conjuga: Amor, Tradición y Cultura al unísono, en forma de pasión por estos bellos pájaros.

En Alcora, esta villa que ha acogido los actos programados, cabe decir que la pasión por los pájaros le viene de muy lejos. Asentamientos íberos, romanos y árabes en la más remota antigüedad, dan testimonio de estas costumbres reflejadas en vasos de cerámica, murales, frescos y mosaicos, toponimia concreta y palabras con raíces musulmanas que nos identifican a la perfección su origen. No voy a detallar porque sería tema para un libro, pero es en los documentos que nuestro Rey Jaime I de Aragón, en el siglo XIII, cuando otorga sus derechos a los pueblos conquistados, y donde plasma por escrito y a perpetuidad, sellado y rubricado, el derecho a la captura de ciertos animales, como en la de San Mateo, que se refiere explícitamente al: “Arte de los paratores”.

No hace muchos años, aquí al lado, en casa sí y en casa también, podían verse pequeñas jaulas con los alados cantores en alféizares de ventanas, porches, terrados y patios. Verderones, verdecillos, pardillos y jilgueros (Verderols, gafarrons, paissarells i cardaneres)…alegraban con su canto las calles silenciosas del pueblo, en una sinfonía inacabable desde el alba al ocaso. Los dueños, gente de bien, adusta y trabajadora hasta el frenesí, competía ya en esos años de mitad del siglo pasado, por ver quién poseía el mejor ejemplar, el más cantador y el más valiente. Se reunían en las calles a la fresca, o en bodegas y tabernas, y al igual que hoy, intercambiaban pareceres y discutían acalorados sobre pasadas, calidad u origen de los pájaros. No es de ahora, es de siempre. Y en aquel mundo gris y rudo, los pájaros ponían en solfa, no solo su canto, sino la alegría de vivir dentro de las humildes casas, el colorido, la amistad, la renovada ilusión cada año, y por encima de todo, la cultura. Aquellos hombres, que además de fabricantes, agricultores, médicos, notarios, etc. eran músicos, artesanos, pintores y poetas. ¿Cómo puede un hombre sensible, hacerle daño a un animal tan bello por el que suspira? Si además para conseguirlos, ha de perder jornales al salir del pueblo, caminar toda la noche cruzando montañas y lograr cuatro pardillos jóvenes de las llanuras de Vistabella, a los pies del Peñagolosa. O tres jilgueros de la afamada partida de la fuente de la Ponsa, en la villa de Les Useres,  distante a cuatro horas a pie de ida y otras tantas de vuelta, no con zapatillas modernas de running, sino con abarcas o alpargatas de esparto y cáñamo.

Ese era su mundo, y algunos de nosotros lo hemos conocido de muy niños. Toda esa cultura ha desaparecido o está en vías de hacerlo. La modernidad lo ha arrasado casi todo, y la ignorancia maliciosa de algunos grupos ecologistas radicales, le quieren dar el descabello. Y hablo de cultura, porque quien ha visto una jaula hecha en casa con precisión milimétrica, decorada y artesonada, está contemplando una obra de arte digna del mejor artesano. Utilizando con maestría todos los minúsculos aparejos para taladrar los finos listones que ensamblan el alambre, o los cajoncillos del alpiste y cañamones hechos con primor miniaturista. Pero es que aquí en esta villa, se añadía la jícara de cerámica, confeccionada ex profeso tanto para los fringílidos del “enfilat”, como para los zorzales del parany. Todo medido, ajustado y en su sitio.

La delicadeza era tal, que en los jaulones para los noveles, utilizaban “bimbis”, palabra ya perdida del argot al uso y que se refiere a los juncos que crecen en las marjales marinas, todo para que no se hicieran daño los pequeños alados recién capturados al querer escapar, siempre ariscos como los zorzales del mes de octubre.  Redundar en el poso cultural de las gentes que amaban y aman a los pájaros, no es gratuito. En aquel tiempo en que no había casi de nada, cuidar jilgueros y pardillos, verderones y verdecillos, constituía todo un evento social, y aquellas personas no eran bárbaros ni neandertales, eran gente corriente con una vena apasionada en la sangre, que les hacía alzar la vista al escuchar un pájaro en vuelo, y soñar con él. He hablado de músicos, de poetas que cuidaban y capturaban estas avecillas. Como el insigne Ernesto Nebot “paella”, el poeta con más chispa de esta tierra. De notarios y médicos, de artesanos, ceramistas y agricultores, en definitiva todo el arco gremial y social de la villa.

Siempre hemos escuchado que hay que respetar las culturas antiguas, de hecho en estos tiempos, hay un enorme deseo de recuperar y conservar lo que hacían nuestros abuelos. Costumbres, músicas, atuendos, refranes, muebles, cocina, etc. Poner en valor todo aquello, es muy loable porque hace memoria y justicia al mundo de los que nos precedieron. Aquí mismo, en los últimos años la labor de historiografía, arqueología y antropología realizadas es encomiable. Y este movimiento es general allá donde vayas.

Entonces si lo añejo está de moda, cabrá preguntarse, el por qué el Silvestrismo, tiene hoy tantos problemas de pervivencia, si es un arte como los demás, antiguo, artesano y singular, retratado en las pinturas de los grandes maestros del Prado, como Murillo y Goya. Un arte, que ha pulido todas sus aristas más afiladas, las propias del tiempo amargo de las carencias, obligados por la necesidad a sacrificar para obtener proteínas. Desde hace tiempo esto es historia. Este colectivo ha evolucionado hacia el respeto, el estudio, la sociabilidad y la conservación de las especies.

Esperemos que actos como éste, donde se concentraron 730 pájaros en competición, y mil y pico de aficionados venidos de Murcia, Alicante Valencia, Castellón, Baleares, Zaragoza, Rioja, Navarra y Castilla León, ayuden a comprender esta afición, tan digna como la que más. Y para concluir, queda un magnífico libro recuerdo coordinado por el cronista de la villa J.M. Puchol, y cabe por encima de todo, felicitar efusivamente a la Sociedad Ornitológica la Alcorense, con su presidente Jesús Fernández al frente, porque hicieron un magnífico trabajo, elogiado por todos, en especial por el presidente de la Federación Ornitológica Cultural Silvestrista de España, Don Miguel Soler Tatay.

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