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En busca de la verdad
Por María José Antich

Sociedad cruel

14/10/2014
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Las recientes y crueles críticas que recibió la presentadora Tania Llaserna vía twitter son más que lamentables. Todo esto porque ha engordado unos kilos después de dejar de fumar.

Comentarios absurdos que hacen que me plantee el mundo en el que vivimos, donde si no tienes un cuerpo delgado, una cara bonita y usas una talla pequeña no eres aceptada.

Al parecer los hombres no reciben tantas críticas como nosotras. Da igual si un hombre carece de pelo en la cabeza, le sobran quince kilos y está entradito en años. En cambio, no pasa lo mismo si eres mujer, porque esas mismas razones sobrarían para no darte un trabajo.

No acabo de entender que una chica de la talla 44 no atienda en una tienda de ropa y que una de la 38 sí. Creía que lo importante era que te atendieran bien, da lo mismo si estás delgada o tienes unos kilos de más.

Está claro que la imagen es lo que vende, pero seamos honestos, no todas las imágenes que vemos o que las empresas nos presentan ofrecen un rostro o un cuerpo saludable.

Una talla más puede ser perfectamente compatible con una cara agraciada.

De sobra es sabido que cantantes y actrices que no cumplen el “estereotipo hollywoodiense” han sido duramente criticadas por tener curvas, al igual que Llaserna. Si mal no recuerdo, hace unos veinte años las top models también las tenían, lo que a mi parecer considero normal en una mujer, además de bonito.

Pero lo más horroroso del asunto es que la mayoría de las veces somos las propias mujeres las que nos ponemos la zancadilla.

Es frecuente entre amigas, y quién diga que no miente, que a la que le sobran unos kilos le tengan algo de compasión. La preocupación excesiva por si no encuentras pareja o no te quedan del todo bien los vaqueros poco tiene que ver con la amistad.

Después está el colegio, donde las niñas en el recreo juegan a ser princesas y siguen los patrones de las barbies. Algunas lo llevan a tal extremo que cuando se hacen mayores se someten a operaciones hasta conseguir ser una auténtica barbie humana.

Nada peor que el instituto, la etapa más cruel por excelencia para una chica no delgada. Sin meterse con nadie siempre acaba saliendo perjudicada.

Falta hablar de algunas madres, esas que llevan a rajatabla todos los alimentos saludables, pero no solamente por ser sanos sino porque tener una hija entradita en carnes no está a la moda. Aunque la niña esté delgada, hay que enseñarla desde pequeña que los bollos crean celulitis. Ya se sabe que  madre precavida vale por dos.

Pero tal es la obsesión maternal que las niñas cogen una onza de chocolate a escondidas, y cuando son invitadas a los cumpleaños de sus compañeras del colegio, se ponen moradas a más no poder de sándwiches de crema de cacao, de refrescos azucarados y como no de tarta.

Esta especie de preocupación que se le puede crear a una niña de diez u once años sin necesidad, puede crear, en mi opinión, problemas en un futuro.

Niñas y adolescentes son vulnerables a los cánones de belleza que impone la sociedad, los cuales intentan a su manera fabricar a la mujer perfecta. Como diría la escritora Pearl S. Buck “el afán de perfección hace a algunas personas totalmente insoportables”.

Por estos motivos creo que existe cierta necesidad en educarlas con la visión de tener un cuerpo saludable y no un cuerpo diez. Este trabajo no es solo de los padres sino de toda la ciudadanía en conjunto.

Esperemos que dentro de poco tiempo la sociedad deje de ser cruel, que las curvas no sean sinónimo de estar llenita, que las mujeres sean aceptadas tal cual son y que presentadoras de televisión, cantantes y actrices puedan lucirlas sin causarles un problema en su carrera.

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