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18/07/2008
No son psicóticos ni están "locos", pero sufren tanto, tanto, que en muchos casos llegan a hacerse daño. Este es el anónimo de un joven que sufre Trastorno Límite de la Personalidad
» Por Mª Antonia García
“Para este artículo diré que me llamo Jesús, y que tengo 30 años de edad. Conduzco lo más rápido que puedo, muchas veces completamente ebrio y otras drogado bajo los efectos del alcohol y las pastillas que casi siempre me las receta un médico al que acudo contándole mil historias diferentes de lo mal que me siento y mis deseos de recuperarme por fin. Corro por caminos imposibles en la oscuridad, gritando hasta la madrugada y me daño irremediablemente contra algún árbol, piedra o lo que sea… Termino en alguna cuneta y si puedo y estoy consciente levanto mi teléfono y pido ayuda, o alguien me encuentra e igualmente termino en cualquier centro Hospitalario en la sala de Urgencias, como de costumbre. Luego Unidad de Agudos de Psiquiatría unos cuantos días y de nuevo calle y volver a la misma rueda de locura.

Siempre tengo sexo seguro –y muchas veces también inseguro- con alguna chica que me guste, pero estas relaciones “casuales” no tienen nada de accidental: en cuestión de minutos me imagino un futuro con esa persona y en esos momentos ya pienso que me iría con ella a cualquier parte del mundo, y se lo propongo sin más “que romántico, que soñador eres…. “Pero esas cosas no pasan, son fantasías, al menos en mí no se convirtieron jamás en realidades duraderas, salvo en alguna etapa y con matices llenas de dolorosos momentos. Y por eso me siento solo. Terriblemente solo… abandonado, incomprendido, sin esperanzas, fracasado. Podría seguir adjudicándome lindezas que me repito a mi mismo.

A los 16 años me corté la muñeca con una navaja porque quería verme una vena y me animaba a mi mismo para contemplar mi sangre brotando de ella. Al final, no pasó de una herida y nadie supo en mi casa de esto, ni de los atracones y de los vómitos autoinducidos desde los 11 años, ni de las millones de mentiras, las pequeñas cosas que robaba de todas partes, ni de los golpes que me daba. Y eso tenía una simple explicación: “nadie ve lo que no quiere ver”.

O eso quería creer yo… porque supongo que en casa ya pensaban entonces que algo fallaba conmigo.

Eso del primer “intento de suicidio” me sonaba raro. Tenía 19 años. Lo que había pasado, en realidad estrictamente es que un psiquiatra me dio unos estabilizadores del ánimo y un día en vez de tomar uno, me tomé el frasco entero. Me aburría y lo hice sin más. Para no asustarme ni sentirme arrepentido después, acompañé el cóctel con tranquilizantes y me fui a dormir -o a morir- hasta el otro día. Desperté en una Urgencia Hospitalaria después de un lavado de estómago del que no recuerdo el más mínimo detalle y ahí fue donde un médico sentenció que me había intentado suicidar. No entendía nada, yo solo estaba aburrido ese día.

Los primeros Profesionales que me atendieron no fueron capaces de darme un diagnóstico claro, alcohólico, politoxicomanía, anorexia, bulimia, bipolar, mimado… pero al final alguien en una de tantas “ Urgencias “ un psiquiatra les informó y a mi familia le bastó mirar algunos sitios en Internet para saber que era el curioso y desconocido “Trastorno Límite de la Personalidad “, el famoso TLP.

Encontrar un nombre para mis estados de ánimo me ayudó muchísimo a entender mi vida, siempre al límite de la autodestrucción, coqueteando con la muerte y descuidando mi salud hasta que se quebrantó por completo.

Es difícil explicar lo que se siente al tener esta enfermedad, pero para mí es como tener mil años vividos de tristezas y amarguras. Estoy cansado, porque uno sólo puede vivir una vida y tener 15, 20 ó 30 años de edad (no mil). Las personas que me quieren me preguntan a menudo: ¿cómo puedes ser tan inteligente, creativo, cariñoso y hacer tantas estupideces arriesgando tu vida a diario?”.

No tengo la respuesta, ojala la conociera.

Sé que el tema de los cortes y autolesiones es cada vez más común. Y me indigna pensar que haya gente que vea esto como una ‘moda’, y que no sean capaces de pensar lo que hay detrás de la capacidad de fracturarse y golpearse. Nuestro dolor tiene que ver con una sensibilidad tan extrema que a veces no veo cómo voy a mejorar, o si mejoraré, porque todo lo que pasa, todas las críticas que recibo, toda la incomprensión me duelen tanto como las cosas más graves que le pasan a casi todo el mundo.

La tristeza, y eso es lo que creo que no entienden las demás personas, no se mide sumando y evaluando las cosas dramáticas que nos han pasado en la vida, sino en cómo las sentimos y, en mi caso, las siento mucho, siento una terrible desolación. Tal vez demasiado, tanto, que a veces no lo puedo soportar y parece que voy a explotar en mil pedazos, si no hago algo. Y me autolesiono, y me lleno de pastillas, alcohol, lo que sea con tal de calmarme".



¿Podría conocer a alguien que sufre tanto y no intentar ayudarle?
No, creo que la respuesta sería no. Entonces porqué seguimos sin recibir ayudas y reconocimiento para estas patologías como se merecen?

ALAI-TP lleva trabajando más de cuatro años y medio en la ciudad de Castellón por y para estas Personas y sus Familiares: Talleres, Programas Terapéuticos, Asesoramiento, Terapias individualizadas… Y me pregunto como Presidenta si merece la pena seguir. No es por el trabajo duro y altruista, no es por lo complejo de las enfermedades mentales, no es por los pocos afiliados (unas 100 familias), no es por el local del que se dispone…. Pero sí es por la falta de apoyo de las diferentes instituciones. Ayuntamiento, Diputación, Conselleria de Bienestar Social, Sanidad…. Ojalá los señores que reparten el presupuesto económico entre los diferentes colectivos y Asociaciones de Castellón se den cuenta que estas Personas les necesitan y necesitan Asociaciones como ALAI-TP y con el mismo presupuesto del que disponen sean capaces de repartir mejor las subvenciones entre los colectivos más necesitados.

Gracias


Mª Antonia García
Presidenta ALAI-TP
www.alai-tp.com
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