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Reportaje
01/11/2007
Un paseo por el cementerio (parte II)

Autor: Guillem Ríos

LOS MÁS POPULARES

Juan José González González.- “El Rey de los gitanos”. Su tumba siempre ha sido una de las más visitadas del cementerio. Su sepultura, sobre piedra negra, con una fotografía “post mortem”, debajo de la cual consta su nombre y fecha del óbito, y una reja, todavía le dan mayor halo de misterio.



El Rey de los gitanos se llamaba Juan José González González, y según consta en su acta de defunción del día 4 de abril de 1912, nació en Iniesta, provincia de Cuenca. Estaba casado por el rito gitano con Antonia Escudero Giménez de 23 años, natural de Daroca (Zaragoza) con domicilio en el cauce del río. Fue junto al río Anna, cerca del puente del Camí La Cossa, donde murió a la edad de 33 años. Era hijo de Juan José y Micaela y de profesión tratante de animales. Tuvo dos hijos de su unión con Antonia Escudero: Ramón y Teresa.

Se dijo en su momento que lo apuñalaron tras una discusión y que lo llevaron al Hospital de Sant Blai. El parte médico que se recoge en el acta de defunción pone que murió a la 1 de la madrugada de una pleuro-pneumonía.
En Nules, donde estaba el partido judicial, se juzgó el 8 de junio de 1914 a los presuntos criminales: Antonio Ruano y Enrique González, pero nunca se supo cual fue la sentencia.
Sus biznietos Juan, Francisco y Ramón González, que residen en Castellón, contaron que le llamaban el Rey de lo gitanos porque como ellos dicen era “un hombre de respeto” que por su sabiduría ejercía una autoridad en su familia y en la colectividad gitana de toda la provincia. “Su muerte, aseguran, fue un acto de cobardía”. Cuentan que, contrariamente a lo que se pensaba, en el sentido de que la causa de la muerte habían sido varios navajazos, perdió la vida de un tiro por la espalda. “Nuestro bisabuelo tuvo una pelea y acudió un sereno a poner paz. Como era una persona conocida, que había vivido toda la vida en Burriana, el sereno, que sabía quien era, le dijo: anda González, vámonos y déjalo estar, y se fue con el sereno. Fue entonces cuando el que le asesino, aprovechó la luz del farol del sereno para apuntarle y matarle por la espalda”.

Hubert Sasse.- “El soldado alemán”. Era el oficial de radio del U755, un submarino alemán del tipo U-Boot VIIC, al mando de Walter Göing. Fue hundido el 28 de mayo de 1943 por un avión Hudson británico del 608 escuadrón. Hubo 40 muertos y 9 supervivientes. Su misión era castigar las líneas comerciales enemigas. Este submarino, antes de ser hundido, consiguió destruir un mercante y dos navíos auxiliares de guerra.
Hubert Sasse apareció muerto en la playa de la Malvarrosa de Burriana – otros compañeros suyos aparecieron en Sagunto –. Llevaba un chaleco salvavidas y un tubo, en cuyo interior estaban sus señas y una fotografía. El comerciante alemán José Kaufer se encargó de identificarlo y fue él quien organizó un sepelio en honor a su compatriota y le pagó la lápida, aunque el nicho lo puso a nombre del consulado alemán.
En la lápida se aprecia en relieve un submarino, la fotografía que llevaba encima el soldado, bajo la cual hay una esvástica, símbolo del III Reich, su nombre, la fecha en la que apareció el cuerpo, el 10 de julio de 1943, y un epitafio en alemán que traducido significa: Caído por la Patria. Descanse en Paz.
La familia Kaufer, a través de su hija, Marta Kaufer, ha cuidado siempre de la lápida. José Kaufer, en uno de sus viajes a Alemania localizó a los padres del soldado y les enseñó una fotografía de su tumba, que nunca visitaron, ya que eran de origen humilde.
A finales de los setenta, bajo el patrocinio de la asociación alemana de cementerios de guerra, se inició la construcción de un cementerio en la población cacereña de Cuacos de Yuste, con la intención de reunir allí a todos los soldados alemanes que por una razón u otra fallecieron en territorio español, victimas de buques o submarinos hundidos por los aliados en las inmediaciones de las costas españolas. En 1979, una joven de origen alemán afincada en Mallorca, Gabriela Poppelreuter, recibió el encargo de iniciar la búsqueda de todos los soldados alemanes enterrados en España. Una ardua labor de más de tres años de exhaustiva investigación y documentación, en la que colaboraron estrechamente tanto la Embajada de la entonces República Federal Alemana, como las Comunidades autónomas. Fue entonces cuando con el consentimiento del consulado, propietario del nicho, se exhumaron los restos de Hubert Sasse para trasladarlos a Cuacos de Yuste donde descansa con otros 154 soldados alemanes caídos en los dos conflictos mundiales. Pese a ello, en honor a la familia que le procuró una sepultura, el consulado quiso que se mantuviera la lápida tal y como estaba.
El 14 de noviembre de 1982, día Nacional de los Caídos en Alemania, se inauguró oficialmente el cementerio, con asistencia de representantes de la Embajada germana, de la asociación de cementerios alemanes, y más de doscientos familiares venidos expresamente desde Alemania para participar en el acto.

Juan Estornell Moliner “Juanitín”.- Murió el 19 de noviembre de 1985, a los 61 años de edad. Era un personaje muy querido en Burriana, que recordaba y conocía el nombre de casi todos, y se paraba a preguntar por las personas ausentes, aunque hiciera mucho tiempo que hubieran fallecido. Algunos disfrutaban llamándole Pepito, lo cual le sacaba de quicio y le hacía proferir insultos. Empalmaba los cigarrillos y todos los días visitaba la Cruz de los Caídos que había en el Jardín del Beso, con independencia de las circunstancias metereorológicas. Siempre arrastraba un carro, que en ocasiones abandonaba en medio de la calle – cuando le llamaban Pepito -, provocando embotellamientos. En ese carro llevaba todo tipo de enseres, como sillas, que le llevaba a su madre para que las reparara.

Vicente Cervera Perelló “Pachón”.- Murió el 20 de junio de 1979, a los 70 años. Fue un empleado modélico del Ayuntamiento y un gran trabajador. Igual barría, que cogía perros, como responsable de la perrera municipal, que llevaba las partituras de la banda de música. También repartía propaganda, pegaba carteles de cine y colaboraba con algunas comisiones falleras. Pachón tenía un defecto de pronunciación, lo cual favorecía que algunos – al igual que a Juanitín – lo imitaran para hacerle enfadar. Pero sobre todo, era una persona servicial y muy cariñosa, que se distinguió por su amabilidad hasta su fallecimiento en la Residencia de Cáritas. Puedo constatar, que tenía una gran habilidad haciendo figuras de papel – papiroflexia –, que regalaba a los niños que se acercaban a la Residencia a visitar a familiares.

LA GUERRAS

Si de algo no te puedes abstraer en un cementerio es de las Guerras y sus protagonistas, ya que los conflictos se perciben al instante, y en el caso de la Guerra Civil española la tragedia es más que evidente.

Guerras Carlistas.-

Los dos grandes militares burrianenses de las Guerras Carlistas, como el subteniente Antonio Luque Vicens, nacido en Burriana en 1819, que fue secretario particular del General Francisco Serrano, y participó en 1840 en la toma y conquista de las plazas fortificadas de Castellote, Morella y Berga – más tarde fue escritor y periodista –, y el teniente de artillería Juan Bautista Rochera Mingarro que murió en Barcelona en la defensa de Vich, no se encuentran en el cementerio de Burriana.  El primero debe encontrarse en Cuenca, donde desarrolló buena parte de su actividad, y el segundo debió ser enterrado cerca del campo de batalla. Sin embargo, en el caso del teniente Rochera, sí hay familiares directos suyos, como su hermana Mª Vicenta Rochera Mingarro fallecida en 1906, cuyos padres eran Bautista Rochera y Mariana Mingarro,  y también sabemos que tuvo otro hermano llamado Francisco, que puso a su hijo el nombre de Juan Bautista, en honor a su hermano, y que murió a los tres años, seis meses antes de que falleciera su tío en el campo de batalla.

En el cementerio hay otros militares que participaron en las Guerras Carlistas. Poco se sabe de ellos, a excepción de sus actas de defunción, aunque debieron tener actuaciones destacadas, a tenor de las condecoraciones recibidas.

  

Es el caso de Vicente Tejedo Pitarch, caballero dos veces de la Real Orden de San Fernando, de profesión escribiente, y natural de Burriana. Estuvo casado en primeras nupcias con Dolores Manzanera de Valencia, con la que tuvo un hijo; y en segundas nupcias con Catalina Martí, también natural de Valencia de cuyo matrimonio tuvo ocho hijos. Era hijo de José Tejedo y Raimunda Pitarch.

También se encuentra la tumba de Blas Garriga Torrent, natural de Valencia, casado con Manuela Monfort Broch, natural de Burriana, con la que tuvo cuatro hijos.

La Guerra Civil.-

La contienda civil se palpa nada más entrar al cementerio, sólo con ver la cantidad de fallecidos entre el verano de 1936, cuando empezaron los famosos "paseos" por parte de grupos anarquistas, hasta el año 1942, fecha en la que todavía fallecieron por enfermedad algunos presos encerrados en la prisión de la Mercé, ya que los fusilamientos se llevaron a cabo principalmente a finales de 1939.

Nada más producirse la sublevación militar del General Franco, el 18 de julio de 1936, la cosa empezó a calentarse, más de lo que ya estaba hasta esa fecha, y varios grupos anarquistas, especialmente de la CNT-FAI, empezaron a campar a sus anchas sin que el gobierno republicano pudiera impedirlo.  La noche del 5 al 6 de Agosto de 1936 saquearon la iglesia de El Salvador y rompieron todos los retablos e imágenes que había. Pronto empezaron los “paseos”, en los que al amparo de la noche sacaban de sus casas a aquellos que consideraban posibles colaboradores de los militares sublevados, de ideología católica y de derechas, y los subían a coches y camiones para conducirlos a cunetas, al cemenerio o al Collado de Artana para fusilarlos.  Fue el caso, el 23 de Agosto de 1936, de Francisco Amiguet Chiva, José Manrique Escrivá, Francisco Fandos Usó, Hilario Planelles Usó, Blas Monsonís Piquer, Juan Bautista Dols Saura, Blas Domingo Monsonís, Juan Adelantado Jarque, Manuel Granell Ferrer, y Vicente Enrique Mingarro. Estos dos últimos fueron alcaldes de Burriana. Manuel Granell entre abril y noviembre de 1920, y Vicente Enrique de febrero de 1928 a febrero de 1930, durante la última fase de la Dictadura de Primo de Rivera.

El 29 de agosto de 1936 se produjo el fusilamiento masivo en el barco prisión “Isla de Menorca” amarrado en el Puerto de Castellón. Entre los 56 fusilados había algunos vecinos de Burriana, como el empresario Francisco Granell Felis.

Entre el verano y el otoño de 1936 fueron asesinadas alrededor de 70 personas de Burriana, incluidas varios exalcaldes y sacerdotes, como siete frailes del convento de los Padres Carmelitas.

Al inicio de 1937 la cosa pareció apaciguarse y el gobierno de la II República quiso hacerse con el control de la situación. Sin embargo, volverían a producirse algunos asesinatos, muy crueles – Josefina Enrique Planelles (7-3-1937), embarazada, y en presencia de su hija –, que hay que atribuírselos a la Columna de Hierro, que abandonó temporalmente el frente de Teruel para apoyar a la CNT de Burriana en las disputas que habían por el control de la fábrica de armas de Talleres Tormo. El alcalde Vicente Moliner tuvo que pedir un batallón de la Guardia de Asalto para restituir el orden.

Hay otra lápida colectiva de diez soldados republicanos que fueron fusilados en Sagunto el 24 de junio de 1938, once días antes de que entrara en Burriana el General Aranda.  Todos ellos tenían entre 29 y 30 años, y se trató de un escarmiento para evitar deserciones, en un momento en el que el ejército Republicano veía como se hundían sus frentes, y muchos soldados planeaban volverse a casa. Tal y como nos han contado Vicente Ferrer Olaria y Lolita Tejedo, hijos de dos de los fusilados, hubo un soldado, Alfredo Borrás, de Oropesa, que falleció hace tres años, que se salvó porque llevaba una cuchara en el bolsillo de la camisa y la bala no pudo penetrarle. Estuvo tres días escondido en el sifón de una acequia y se fue por las montañas hasta Eslida, donde una familia lo curó y lo encubrió durante un tiempo.

A partir de la entrada en Burriana del General Aranda, en julio de 1938, empezaron las detenciones de los vencidos del bando Republicano que fueron encerrados en la prisión de la Mercé. La Guerra terminó el 1 de Abril de 1939. A finales de ese año, había en la Mercé 1.600 presos – de varias poblaciones – , y entre 1938 y 1942 pasaron por sus celdas 4.000 personas, según los datos que está recabando el Grup de la Recerca de la Memoria Històrica de Castelló. Buena parte de los fusilamientos llevados a cabo tras los juicios sumarísimos celebrados por el tribunal militar en el Gran Casino de Burriana, tuvieron lugar a finales de 1939. Sólo los días 3 y 4 de noviembre de 1939 fusilaron a 24 personas, que fueron enterrados en las fosas comunes del cementerio, situadas en la parte trasera de la tumba de Chicharro, y debajo de un bloque de nichos construido hace sólo unos años. Sus nombres eran: 3 de noviembre. Bautista Palau Blasco, 33 años; Pedro Braulio Guerola, 47 años; Ismael Navarro Gimeno, 31 años; Vicente Ramón Recatalá Recatalá, 35 años; Manuel Moliner Monfort, 37 años; Juan Vicent Molina, 50 años; Antonio Renau Petit, 42 años; José Lucas Esbrí, 45 años; Salvador Peris Vilar, 43 años; Francisco Sala Borja, 37 años; Bautista Usó Buchardó, 24 años; y Simeón Buchardó Godos, 45 años. El día 4 de noviembre. José Solá Arnau, 49 años; Enrique Abad Marzal, 49 años; José Aguilella Feliu, 38 años; Vicente Aguilella Piquer, 42 años; José Arcos San Eduardo, 36 años; Francisco Ballester Varea, 26 años; Francisco Campos Guillamón, 28 años; Vicente Martí Álvaro, 45 años; Vicente Montesinos Dupla, 53 años; Tomás Navarro Aymerich, 40 años; Antonio Pascual García, 48 años; y Antonio Sanahuja Lleó, 33 años. Algunos de ellos, pasado un tiempo, fueron exhumados por sus familias y enterrados en nichos, pero otros permanecen allí. También fueron enterrados en esa zona otros presos que murieron tras enfermar en la prisión, como el caso de Manuel Marín Falcó, de Vilafranca, que falleció en 1941, y cuya familia le puso una lapida en 2003, en la zona en la que fue enterrado.

 

OSARIO

 El cementerio, en la parte nueva conocida por “La Barraca”, dispone de un osario, que es el lugar al que van a parar los restos mortales cuando la familia decide limpiar por completo el nicho para que lo ocupen otros familiares, que a lo mejor ya nada tienen que ver con sus antiguos ocupantes.
En ocasiones, estudiantes de medicina, tras haberlo solicitado formalmente, acuden para llevarse cráneos y huesos con los que estudiar e investigar en beneficio de la ciencia.








Mi agradecimiento al funcionario del área de cementerio, Andrés López, y a los funcionarios del camposanto Nacho Llopis, Pepe Borillo y Jorge Navarro. A la familia de doña Matilde Reig. Y a los hermanos Juan, Francisco y Ramón González Escudero, Marta Kaufer, Víctor Marín Aymerich, Vicente Ferrer Olaria y Lolita Tejedo por sus testimonios. Sin ellos no hubiese sido posible este reportaje.


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COMENTARIOS DEL ARTÍCULO

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soc de borriana
Autor: suso Enviado el 24/11/2007 a las 11:27:58
desde la IP 81.203.110.xxx
molt bo el reportage pero crec que falta gent en el teu passeig,pero molt bo

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muy bien!
Autor: burrianera per sempre Enviado el 11/11/2007 a las 13:53:00
desde la IP 89.128.71.xxx
Me ha gustado mucho! Está bien que la gente pueda aprender cosas de su pueblo y de su historia y lo podemos hacer gracias a trabajos como este. Enhorabuena!!

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Felicitats
Autor: Borrianenc Enviado el 05/11/2007 a las 16:57:55
desde la IP 62.42.227.xxx
Gran treball, seguiu així, gràcies

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Mas Cultura
Autor: Peggy Enviado el 04/11/2007 a las 11:50:34
desde la IP 81.203.112.xxx
Fantástico el trabajo!!!

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Otra vez, gracias Guillem
Autor: yo mismo Enviado el 03/11/2007 a las 09:41:27
desde la IP 81.203.101.xxx
Creo que es precioso que nos acerques estas cosas, que siempre las hemos visto ahí, pero no sabiamos lo que habia detras. Es un trabajo que te agradecemos.
Gracias Guillem


 


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