El Domingo de Ramos es el primer día de la Semana Santa, y si por algo se caracteriza en nuestra ciudad, al igual que otras muchas de la Comunidad Valenciana, es por la procesión de las palmas blancas, originarias de Elche, si bien cada vez se emplea más la palma verde y las ramas de olivo. Ese día se celebra la entrada de Jesús en Jerusalén a lomos de un borriquillo, preludio de su Pasión. Se hace una liturgia especial, realizando antes de la Misa la bendición de las palmas y ramos, usualmente en otro lugar distinto del templo, y leyendo el fragmento del Evangelio alusivo a la entrada de Jesús en Jerusalén. Luego tiene lugar una procesión hacia el templo, para evocar el entusiasmo con el que la gente recibió a Jesús.
Las palmas blancas eran las que antaño, y todavía hoy, marcaban las riadas de niños y adultos el día de Domingo de Ramos. Para la obtención de la famosa palma blanca se somete a las palmeras a un tratamiento cuyo origen se pierde en la memoria de los siglos. Las palmas blancas son obtenidas mediante el tapado o 'encaperutxat' de las ramas de algunas palmeras, generalmente los machos o hembras con producción de dátiles de escasa calidad. Las operaciones necesarias para este ‘encaperuxat’ se han ido transmitiendo, con mínimas variantes, a través de generaciones de palmereros en Elche.
Transcurridos los meses necesarios, las palmas ocultas a los rayos del sol y, por tanto, sin función clorofílica, aparecen al abrir el 'caperutxo' de color blanco amarillento. Tras su corte y cepillado son clasificadas, según su calidad y tamaño –las hay hasta de 4 metros-. Dado que estas operaciones se realizan con meses de antelación, las palmas se conservan en cámaras especiales, entre vapores sulfurosos, con el fin de conservar su frescura.
Algunas de ellas se destinan a palmas lisas, otras son trabajadas por manos artesanas y, mediante el rizado de sus hojas, se adornan con dibujos y figuras realizados con las blancas fibras vegetales, cruces, estrellas, trenzas y un sin fin de ornamentos que convierten las palmas en verdaderas obras de arte.
Las Palmas acompañan la procesión triunfal de la entrada de Cristo en Jerusalén, recordando la leyenda que indicaba que la "Palmera" se inclino para ofrecer sus frutos a María, durante la huída con José y su hijo Jesús de Herodes, Rey de Judea.
La "Palma Blanca" es un producto único en el mundo, y se desarrollo al principio del cristianismo en Elche, como elemento valioso para las celebraciones del "Domingo de Ramos" y diferenciador del resto de lugares, como la misma Jerusalén, en donde a Cristo se le recibe con la Palma Verde.
La "Palma Blanca" posee un carácter de naturaleza fúnebre al estar asociada desde la mitología clásica al culto a la Diosa/Virgen Proserpina, Reina de los Muertos. El carácter funerario de este singular elemento fue asumido por el cristianismo, recogiéndolo posteriormente por los evangelios apócrifos asuncionistas que a su vez fueron motivo de inspiración de numerosos dramas sacro líricos medievales, como su exponente más representativo El Misteri D´Elx, en los cuales con grandes analogías, Dios envía en el más puro estilo de la mitología oriental, a un ángel portador de un ramo áureo, destinado a la Virgen próxima a su muerte, para que una vez producido su óbito, pueda en cuerpo y alma abandonar el reino de los muertos y ascender a los cielos.
Todavía permanece hoy la costumbre, cada vez más minoritaria, de colgar palmas en los balcones, lo cual antiguamente anunciaba, en unas épocas en la que la comunicación era escasa y difícil, que en esa casa donde se colgaba la Palma había algún joven, esto es, algún muchacho en estado de celibato si se colgaba la "Palma Blanca" lisa, o una muchacha en soltería si la Palma era rizada. Hoy se intenta transmitir también otro mensaje y es que en esa casa habita una familia cristiana.
Don Manuel Roselló Gasch, en su libro de Contalles II, editado en 1986 por la Caixa Rural Sant Josep contaba como recordaba él la antigua Semana Santa de Burriana:
En primer lugar, relataba Don Manuel Roselló, he de hacer constar el respeto que tenía la gente a estas fechas, que nadie osaba producir ningún ruido durante ellas. Solamente os voy a relatar algunos ejemplos que demuestran hasta que punto llegaba esta exageración.
A partir del jueves las vacas que repartían la leche por el pueblo iban desprovistas de los cencerros, las bicicletas y los coches que había entonces, no tocaban ni los timbres ni los cláxons; los juegos a que se dedicaban los muchachos por las calles con botes de hojalata, los envolvían en trapos para no hacer ruido; las campanas no tocaban y así infinidad de casos que a quien no los ha conocido les costara creerlo, pero les aseguro que vive mucha gente que los ha conocido.
Pero lo que les parecerá, a los que no vivieron aquellos tiempos, una barbaridad, es lo que voy a referirles a continuación. Durante estos días la mayoría de mujeres no se lavaban, ni barrían ni regaban las calles, hasta que el Sábado de gloria las campanas comenzaban a tocar anunciando que Jesucristo había resucitado. Entonces parecía que las mujeres se habían vuelto locas, pues con los pozales llenos de agua y las escobas, que tenían preparadas detrás de las puertas, comenzaban a barrer y regar las calles, que como se comprenderá estaban bastante sucias por los muchos días que habían carecido de limpieza. Además de las calles también procedían a lavarse la cara, la casa y todo lo que habían dejado de lavar en estos días.
Otra cosa curiosa era que en los numerosos almacenes que había entonces en nuestro pueblo, hoy por desgracia desaparecidos la mayoría de ellos, se permitía tener a las trabajadoras tener preparadas escobas y pozales llenos de agua y era un espectáculo ver la algarabía que formaban al realizar este acto tan simpático.
En cuanto a los actos religiosos también existe una sensible diferencia. Entonces las visitas a todas las Iglesias comenzaban el Jueves Santo por la mañana, durante todo ese día y terminado el Viernes por la mañana, dándose por terminadas las visitas a los monumentos, como se les llamaba.
Muchas señoras, acompañadas de sus maridos, y señoritas iban a realizar las visitas tocadas con sus preciosas mantillas y sus grandes peinetas, con sus vestidos negros de las mejores telas. Los jóvenes, que ya habían realizado las visitas con anterioridad, se sentaban a las puertas de los casinos, cosa que ha abundado siempre, sobre todo en forma de sociedades recreativas o políticas, para ver pasar a las muchachas que les gustaban o les habían echado el ojo para hacérselas novias. También los viejos verdes tomaban su localidad para ver pasar a todo ese cortejo de bellezas que realizaban las visitas a los monumentos. En cuanto a las procesiones solamente se celebraban las del Jueves Santo, las del Entierro, el Viernes Santo y la del Encuentro.
Creo que con este breve relato ya se habrán podido dar cuenta mis jóvenes lectores de lo que fueron aquellos tiempos, que recordamos con nostalgia los más viejos del lugar…
Espero que estas líneas les hayan informado de algo que ya pasó, pero que a muchos nos traen viejos y agradables recuerdos.
No estaría completo este trabajo si no hiciese constar la cancioncilla que sonaba en el momento en que las campanas sonaban a gloria y que todos ustedes conocen:
Ratetes, ratetes, eixiu del forat quel Nostre Sinyor ha ressucitat