El siguiente artículo pretende ser una aproximación al origen de la Festa de les Falles, y más concretamente del monumento fallero, en la ciudad de Valencia y después en nuestra ciudad, además de hablar sobre la consideración artística del monumento y su catalogación como una obra de arte efímera.
El fuego, el elemento esencial.
Hace muchos miles de años que nuestros antepasados los hombres prehistóricos descubrieron como dominar el fuego, como hacerlo y utilizarlo para su vida y sus quehaceres habituales. Antes de esto, podríamos decir que desde que aquellos humanos vieron por primera vez el fuego, tenían a este elemento primigenio como un ídolo, un tótem, una especie de dios que devastaba todo lo que quería y ante el que no podían hacer nada de nada.
En todas las culturas el fuego es un elemento purificador, es el elemento que acaba un ciclo e inicia otro que acabará de la misma forma: engullido por las llamas. Estas llamas se encuadraban dentro de los antiguos cultos relacionados con el campo y su fertilidad. Las festividades simbólicas que tenían como celebración culminante la hoguera, y también otras festividades de otros tipos, fueron asimiladas por la religión cristiana poniéndolas bajo la advocación de diferentes santos. Sólo repasando nuestro calendario actual encontramos muchas festividades que tienen como punto culminante la hoguera, es decir, el fuego. A pocos días de iniciar el año, en el frío del invierno, encontramos la festividad de San Antonio en la que por todo nuestro territorio las hogueras queman, siendo en algunos pueblos el eje central de la fiesta con la construcción de estructuras de madera de muchos metros de altura que el fuego consumirá. En febrero con el Carnaval, que anuncia la Cuaresma, las festividades acaban con el entierro de la sardina y la quema de la representación del Rey Carnal, el responsable de los días de excesos y fiestas sin control. A poco de iniciarse el verano tenemos la fiesta que más rituales paganos rememora, al menos en la nuestra zona mediterránea. Bajo la advocación cristiana de San Juan, en las playas se encienden miles de hogueras, y las personas se acercan a la orilla del mar a media noche para cumplir con el ritual del primer baño o para saltar un número determinado de olas, 7, 9 ó 12 según tradiciones, y una vez se ha cumplido esta parte, saltar la hoguera tres veces o cantar y bailar alrededor del fuego. Y, dejándola para el final y variando el orden de fechas que seguíamos, la fiesta sobre la que trata este artículo: Les Falles, bajo la advocación de San José. Como todos ya sabemos la Festa de les Falles acaba con la Cremà, el punto culminante de los cuatro días en los que los monumentos están en las calles, donde el fuego consume todo un año de trabajo. El 19 de marzo, con la renaciente primavera a la vuelta de la esquina, se quema lo que se considera criticable, siempre con un tono sarcástico y humorístico particular, y se inicia otra vez el ciclo que se extenderá todo un año y acabará de la misma manera.
Los orígenes de la falla.
“[Les Falles] van nàixer el dia que algú
inventà el ninot i posà pel mig un tret de sàtira”
Joan Fuster, Combustible per a falles.
Sobre el origen de las fallas hay varias teorías, todas ellas complementarias, que remontan el nacimiento de esta fiesta a diferentes cuestiones. Vamos a intentar dar a conocer el por qué de la falla, siempre desde un punto de vista histórico-artístico y con la mejor de las voluntades de uno a quien le gustan las fallas aunque no ha sido nunca fallero.
Estableciendo como punto de partida dos tesis doctorales publicadas y un estudio, nos adentraremos en materia.
En Sociabilidad y Esfera Pública en la Fiesta de las Fallas de Valencia, Xavier Costa apoyándose en otros autores remonta el origen entroncándolo con las festividades relacionadas con el fuego que se dan por toda Europa. Introduce la figura del muñeco que se quema en estas fiestas. Esta figura estaría relacionada con la figura del Rey Efímero, que como ya hemos hablado antes haría referencia a los rituales relacionados con el campo, su fertilidad y también se entroncaría con las renovaciones estacionales por medio de la destrucción y la vuelta del ciclo.
El muñeco que es destruido al final del Carnaval también estaría relacionado con esto. El Rey Efímero del Carnaval que se quema cuando acaba la fiesta representaría al inverno y al año viejo o el ciclo antiguo y frío. La destrucción se produce en la plaza pública con la presencia de todo el pueblo alrededor de la hoguera produciéndose un ciclo de muerte y renacimiento. Toda la comunidad que se reúne se renueva y crece por medio de la celebración simbolizando un renacimiento. Las fallas tienen este aspecto de renovación para la celebración de un ritual, en este caso la cremación de un elemento construido por ellos mismos. El ninot se denomina primeramente parot y con el tiempo se transforma en figuras humorísticas y satíricas, a la vez que artísticas, que posteriormente se establecerán en escenas que trataban sobre un tema en concreto, sobre la sociedad y los temas comunes que eran noticia. Los gremios, más concretamente el de la carpintería han tenido el protagonismo de esta evolución, y es por eso del patronazgo de la Festa de les Falles del santo carpintero: San José. Lo que comienza siendo un ninot poco elaborado y hecho de los restos del trabajo diario acabará siendo una auténtica obra de arte en la que la creación está patente y donde trabajan gran cantidad de artesanos conformando una tarea que abarca todo el año. Hay tres factores culturales, muy arraigados a la tradición valenciana, que hace que las fallas evolucionen porque tienen una base sólida, primero por la importancia y gran riqueza que aporta la escultura y la arquitectura efímera que se da en el Barroco valenciano, como bien afirma la doctora Pilar Pedraza en su obra sobre el Barroco Efímero en Valencia. El segundo factor seria la importancia crucial de la Fiesta del Corpus Christi que era la primera fiesta en importancia en la ciudad hasta el asentamiento de la celebración de las fallas. En esta Fiesta del Corpus los altares móviles, las imágenes llamadas roques y las procesiones con la aparición de diversos personajes que desfilan por las calles serían una base de los monumentos y la fiesta en la calle. El tercer factor seria la existencia de gran cantidad de manifestaciones literarias en un contexto satírico.
El parot, como se llamaba al antepasado del ninot, irá siendo sustituido por los monumentos falleros a partir del siglo XVIII, estableciendo aquí el antecedente clave de lo que serán nuestros monumentos falleros actuales. El siglo XIX constituye una evolución en los monumentos que irán transformándose hasta crear auténticas estructuras cada vez con equilibrios más difíciles.
En la tesis La ciudad ritual. La fiesta de las Fallas, Antonio Ariño Villarroya recoge la versión más popular de inicio de las fallas que fue establecida por primera vez en 1876 por el marqués de Cruilles. Las fallas tendrían su origen en el gremio de carpinteros que en la época foral quemaban la víspera de San José el estai o parot, restos del trabajo y los trastos viejos que podían recoger, limpiando de esta manera los talleres antes del inicio de la primavera. Este estai o parot era un bastidor en forma de letra T formado por un palo grande vertical que sostiene un travesaño horizontal. En los extremos de este travesaño se colgaban unos candiles. Este estai era transportable. También había otros parots que eran fijos y consistían en un palo grande clavado en una biga en la que se colgaban los candiles. Estos candiles servían para la iluminación del taller cuando se hacía de noche. Cada año se estrenaba un estai el 29 de septiembre por la festividad de San Miguel y se quemaba en marzo por la fiesta de San José porque ya a las puertas de la primavera no hacía falta la luz artificial, ya que el día comenzaba a hacerse largo. Con el tiempo a estos estais se incorporaron algunos ninots.
En lo relativo a la etimología de la palabra falla, según afirma el erudito Manuel Sanchis Guarner deriva del latín facula, que significa antorcha, tizón o pequeña llama. La palabra falla sería uno de los mozarabismos valencianos documentados. Es una de las palabras de origen latino que figuran en la obra Vocabulista in arabico, que es un glosario árabe-latín realizado a instancias del Rey Jaume I por Ramón Martí para la evangelización de los sarracenos de Valencia en los primeros tiempos de la Conquista. La palabra falla aparece en el capítulo 16 de la Crònica o Llibre dels Fets de Jaume I. También se denominaba falla a unas hogueras de señal o alimaras que se encendían por las noches en lo alto del Micalet para que sirvieran de guía a los marineros y que está documentado que en siglo XVIII aún se daban.
Encontramos documentada también en el siglo XVIII la existencia de ninots de falla con un aspecto podríamos decir que más artístico y satírico, es decir que serían los bisabuelos de los actuales ninots. Concretamente en 1751, según apunta Carles Ros, se plantan en Valencia seis fallas con varias figuras. Y, como anécdota, en 1789, el año de la Revolución Francesa, se plantó una falla con tres figuras en movimiento que funcionaban mediante un dispositivo interior que los accionaba. La tradición de las figuras en movimiento y los autómatas es una cuestión muy interesante y que se remonta tiempo atrás, pero que es una novedad en el mundo de las fallas.
Bien, ya han nacido en la capital las fallas y desarrollado el monumento que es el que aquí más nos interesa. Vamos pues a hablar de que después del afianzamiento total de la Festa de les Falles como la fiesta principal de Valencia por encima de la del Corpus, la nueva fiesta valenciana por excelencia se desarrolla también en otros lugares del País Valencià. Hablaremos ahora del nacimiento de la Festa de les Falles en nuestra Burriana.
Primeramente debemos situarnos en la Burriana de principios del siglo XX. Como ya es conocido la fruta dorada reporta una riqueza a nuestra ciudad en todos los aspectos: económico, social, cultural... Además nuestra ciudad pasa por ser una de las primeras ciudades referencia, sino la primera, del País en el cultivo y exportación de la naranja, y como ya nos conocemos y a fanfarrones no nos gana nadie, compararnos con Paris y con Londres era una cosa más que habitual. Dejando ahora un poco de lado nuestro burrianerismo más militante, la ciudad de aquel momento era rica, muy rica y si fanfarroneaba era porque podía. El trato de Burriana con Valencia era más que habitual, prácticamente diario y tanto los comerciantes como los trabajadores tenían muchos contactos con la capital. También podíamos apuntar aquí la importancia histórica de la ciudad desde hacía mucho tiempo y la importancia que tuvo en la construcción del Regne de València por el Rey Jaume I, y más concretamente la importancia que tuvo nuestra ciudad en el inicio de la conquista de Valencia, ya que desde aquí se controlaban las estrategias. Todas estas cosas y otras más hacen que desde siempre Burriana tenga una proximidad muy estrecha con Valencia todo y estar separadas unos sesenta kilómetros. Podríamos decir que el burrianense se consideraba más cercano a Valencia que a Castellón. Al burrianense en valencianía le ganaban pocos. Trasladándonos en el tiempo tal vez podemos decir que esta proximidad aún está patente en la actualidad.
Es en esta Burriana de primerías del siglo pasado, y más concretamente a finales de los años veinte, cuando por asimilación y semejanza con Valencia nacen las fallas, afianzando una tradición que se mantiene año tras año hasta la actualidad.
Fue el año 1928 cuando la idea de plantar una falla tomó forma. El ideólogo, Don Carlos Romero Vernia, era un hombre muy popular en su barrio, el Barri de la Mercé. Su trabajo era de ordenanza y pregonero de tandas del Sindicato de Riegos, y además ejercía de sacristán de la iglesia del Ex-convent de la Mercé. Este hombre muy popular entre sus vecinos era conocido, según afirma Don José Aymerich, como “El Liante” y fue él el que planteó la idea de plantar una falla al estilo de Valencia en una reunión para la organización de las Festes de La Mercè que se celebraban al barrio cada septiembre. La idea cuajó entre los reunidos y nació dos semanas antes de San José la que será la primera falla de la ciudad y el embrión de todas y cada una de las que se han plantado y se plantarán cada año en marzo en Burriana. Nace la Falla del Barri de la Mercé, La Veterana, bajo la presidencia de Don Manuel Martí Felis quien unió a un grupo de gente que trabajaron duramente para que la primera falla se plantara. Con la ayuda del barrio, de burrianenses que se enteraban de que se iba a plantar falla y de los miembros de aquella comisión la idea se hizo realidad. El tema, como no podía ser de otra forma, relacionado con la naranja. Sobre un catafalco de madera decorado con temas alusivos se plantaron dos ninots, uno representando al nuevo comerciante de naranja, joven, muy ordenado en su trabajo pero que no hacía dinero. A su lado el comerciante viejo, el de toda la vida, que hace mucho más dinero que el joven. Pues bien, ya tenemos plantada la primera falla de Burriana.
En el siguiente apartado hablaremos de la vertiente más artística del monumento fallero relacionando su creación con el llamado arte efímero.
La Falla, una obra de arte efímera.
Como ya hemos hablado antes, los monumentos falleros tendrían como referencia elementos efímeros que desaparecerán a manos de las llamas. La obra de arte efímera es aquella que se realiza para un hecho puntual y que al acabar la utilidad para la que ha sido creada desaparecerá y se esperará para la creación de otra obra efímera el momento oportuno. Siguiendo esto podríamos catalogar perfectamente el monumento fallero como una obra de arte efímera porque se crea para ser exhibida en la calle durante unos días determinados y su finalidad es ser quemada para que el ciclo se renueve y al año siguiente se vuelva a plantar. Las obras de arte efímero existen desde hace miles de años. Como expresión de la fiesta, de un acto litúrgico o de una celebración extraordinaria, el arte efímero se ha dado en culturas y épocas diferentes como el Antiguo Egipto, la Roma Imperial en la que los triunfos de los ejércitos se celebraban con grandes fiestas, el Siglo de Oro español o el Barroco Valenciano por citar algunos ejemplos. Estas obres efímeras van desde una escultura de madera hasta arcos triunfales, reproducciones de arquitecturas o de obras de arte reales, todas ellas, eso sí, construidas con unos materiales que se tienen que destruir. Las obras de arte efímero recogen las modas existentes, la cultura predominante y los elementos que más gustan para tener una popularidad más grande, ya que hemos de tener en cuenta que como las obras se destruían sólo se podían recordar por crónicas, dibujos, grabados o por la permanencia en el imaginario del pueblo que las recordaría por muchos años.
El inicio de las fiestas con monumentos efímeros en nuestros ámbitos podemos situarlo en la época medieval, pero donde se afirman más claramente es en el Barroco, donde bajo la importancia de la Festa del Corpus las obras efímeras toman fuerza.
El Barroco es la época por antonomasia de la fiesta, del teatro, de la mascarada, de la apariencia y del artificio. Pinturas y arquitecturas con perspectivas imposibles producidas por efectos ópticos, esculturas con posturas nunca vistas hasta el momento, y un largo etcétera. Es aquí donde podríamos situar el antecedente de la falla artística, de la creación de un monumento para su destrucción. Pero también es aquí donde hemos de tener en cuenta la característica esencial que define a una falla: la sátira, la crítica y el humor. Es la diferencia de concepto que tendrían aquellas construcciones efímeras del Barroco ya que allí lo que se buscaba es una propaganda, una popularidad de, por ejemplo, el poder que patrocinaba la celebración.
Bien, la sátira. También sería un elemento efímero, ya que se critica lo que ha pasado en un año y al quemarse se condena aquello criticado a la desaparición, a la purificación por medio del fuego de las conductas consideradas no correctas, de las medidas impopulares en un pueblo, de las cosas que no se han de volver a repetir. En las fallas actuales está claro que la mayor parte de la sátira y la crítica, por no decir toda, va dirigida a los políticos que gobiernan las ciudades, llegando a la máxima de que si un político no aparece en la falla es porque no es popular, y ya sabemos lo que eso indica en una ciudad. La crítica es efímera porque de un año para otro cambia y el tema que utiliza una falla también es diferente y eso hace surgir una nueva crítica. Habría que reconocer aquí la figura del crítico de falla que según tengo entendido sólo existe como tal en nuestra ciudad. El crítico fallero ha de tener, como se dice, mucho ingenio y gracia y además saber mezclar la crítica más ácida con el tono de humor correspondiente que la suaviza, haciendo a veces de las críticas más fuertes unos auténticos chistes que hacen saltar las carcajadas más grandes hasta a los mismos criticados.
Por lo que concierne a los artesanos y artistas falleros son los que hacen físicamente posible la obra de arte efímera. Son los creadores de las ideas y los que durante un largo año de trabajo, junto a las comisiones falleras, hacen posible el monumento que año tras año se cumpla el ciclo de creación-destrucción sin el que la fiesta no existiría. A ellos se podría dedicar todo un artículo como este, e incluso más largo.
Acabamos con palabras del genial Joan Fuster que en el articulo Mort i resurrecció del ninot dice: “Allò que tenen de bo les falles és que les cremen. En això sembla que tots estem d’acord. Però es podria afegir, la millor cosa que tenen les falles és que als dotze mesos justos, tornen, repeteixen la seua alegria pels carrers”, y que se vuelvan a repetir y que las fallas y esa alegría vuelvan a las calles de Burriana año tras año por mucho tiempo. Que el fuego renueve las ilusiones y los esfuerzos de cada año y vuelvan con más fuerza.
Bibliografia
ARIÑO VILLARROYA, Antonio, La ciudad ritual. La fiesta de las Fallas, Barcelona, Editorial Anthropos-Ministerio de Cultura, 1992.
AYMERICH TORMO José, Burriana en sus fallas (1928-1936) tomo I, Burriana, Grups d’Estudis Històrics Fallers, 1996.
BURIS-ANA. Butlletí de l’Agrupació Borrianenca de Cultura, any IX, núm. 95-96, 1966.
COSTA, Xavier, “Las fallas de Valencia: el Arte de la Consagración del Fuego”REIS, nº 84, Madrid, 1998.
COSTA, Xavier, Sociabilidad y Esfera Pública en la Fiesta de las Fallas de Valencia, València, Biblioteca Valenciana-Generalitat Valenciana, 2003.
FUSTER Joan, Combustible per a falles, Alzira, Bromera, 1992.
La Veterana. 75 anys, 1928-2003, Llibret de la Falla Barri de la Mercè, Borriana, 2003.
LEÓN, Aurora, El Barroco: arquitectura y urbanismo, Madrid, Anaya, 1991.
Enviado el 23/03/2007 a las 00:37:41
desde la IP
83.49.93.xxx
Ya hacia tiempo que no leia un articulo asi y encima sobre las fallas!es largo pero mui interesante!!haber si poneis mas articulos como este!!un 10 para el articulo!!