Debido a la extraña manía (muy comprensible, por otra parte) de atacar a la cadena COPE porque muchos de sus periodistas no son afines a lo políticamente correcto y no actúan al dictado de la progresía española (la política y la religiosa) han aparecido, últimamente, unos escritos procedentes de dos Cardenales y un Arzobispo (El Cardenal Amigo, de Sevilla y el Cardenal Sistach, de Barcelona, por una parte y el Arzobispo de Tarragona por otra) que se pueden argumentar en contra de tal emisora de radio. Todos ellos convenientemente utilizados en contra de la cadena COPE pueden dar la impresión de que lo que se hace allí está muy mal y que no se hace con buena intención. Es más, se puede trasladar el sentimiento según el cual sería conveniente que muchas cosas cambiaran en la cadena de radio citada. El problema es que, en realidad, nada debe cambiar si no es que se quiere que “todo” cambie para mal; para muy mal. El Arzobispo de Tarragona, don Jaume Pujol, en la sección de la página web del Arzobispado titulada “Als 4 vents” (o sea, a los cuatro vientos) escribe sobre los medios de comunicación. Estos han de estar al servicio de la verdad (“Los medios al servicio de la Verdad” es el título, en concreto) Y tal opinión es, verdaderamente, cierta. Dice don Jaume que “Los requisitos fundamentales de la comunicación social son la sinceridad, la honradez y la veracidad, a los cuales habría que añadir también la competencia” Pues eso, exactamente, es lo que cada día puede apreciarse en los programas de la cadena COPE a los que van dirigidas las críticas más terribles (ya sabemos, el de F. Jiménez Losantos, el de César Vidal y el de Cristina López, por la tarde) Bien sabemos que, se diga lo que se diga, no se puede más sincero (o mejor, franco); más honrado (porque se dice lo que se piensa, con pruebas, a pesar de las consecuencias porque otra cosa es cobardía o acomodamiento social...); por fin, si hay alguna forma más certera de ser veraz que venga alguien y lo demuestre. Por tanto, no cabe deducir crítica alguna a la cadena mal llamada “de los obispos” (cuando se quiere denigrar a la misma y no se está de acuerdo con los obispos que, actualmente, están a cabeza de la Conferencia Episcopal Española) Otra cosa es que no guste lo que dice porque no es ni políticamente correcto ni va a favor de la progresía política y religiosa española (esto, aunque repetido aquí, vale la pena volverlo a decir) Y es que, a veces, existen verdades convenientes. O mejor, que se hace de la verdad una conveniencia, algo muelle. Por otra parte, el Cardenal Amigo, de Sevilla, en su Carta pastoral titulada “Buscar la Verdad para compartirla” nos dice que “Cuando menos, los medios de comunicación, en formas variadas y distintas, tienen una magnífica oportunidad para desenmascarar lo ambiguo, lo equívoco, la falacia y, por el contrario, hacer que resplandezca la verdad” ¿Qué otra cosa se hace desde los programas dirigidos por las personas citadas arriba que no sea eso? El problema es que, cuando lo que se desenmascara y se descubre, se saca a la luz y se hace que resplandezca y tal verdad no está muy de acuerdo con los intereses nigérrimos del poder político y tales intereses tampoco son los de la “progresía” religiosa pues entonces no se está muy de acuerdo y se zahiere lo que se puede a tales personas. Y esto es, simplemente, una falta de vergüenza; o sea, una desvergüenza. Dice, también, el Cardenal Amigo que es “Imprescindible, por tanto, es la necesidad de formarse para saber utilizar adecuadamente los medios de comunicación, pero también para quienes los hacen y manejan” No puede caber, aquí, duda alguna: la formación de los profesionales denigrados (que, no nos engañemos, son los arriba citados y no otros) es innegable. Decir otra cosa es, simplemente, mentir. Y es que, a veces, existen verdades convenientes. O mejor, que se hace de la verdad una conveniencia, algo muelle. Por último el Cardenal de Barcelona, don Lluís Martínez Sistach, también ha entrado, por decirlo así, en liza (otra cosa no era esperable, ni en él ni en ningún obispo, por ser la Jornada Mundial de las Comunicaciones muy importante) Su carta tiene, como título, “Los medios de comunicación y la realidad” porque, en realidad, los medios han de tratar hacer ver la realidad de las cosas y no lo que, en determinados momentos, nos conviene oír. Dice don Lluís que “Cuando la comunicación pierde sus raíces éticas y elude el control social, termina por olvidar la centralidad y la dignidad inviolable del ser humano, y corre el riesgo de incidir negativamente sobre su conciencia y sus opciones, condicionando así la libertad y la vida misma de las personas”.
No parece que, precisamente, exista poco control social sobre los programas de la COPE atacados porque tal control lo ejercen casi todos los medios de comunicación españoles que no son de la opinión de tales profesionales. Por lo tanto, como existe tal control no se ha olvidado ni la centralidad del concepto de dignidad inviolable del ser humano ni la misma dignidad defendida día a día, a costa de su propio prestigio, por los profesionales a los que tanto se ataca.
Es decir que “la conciencia” y sus opciones, “la libertad y la vida misma de las personas” (en palabras del mismo Cardenal) están perfectamente defendidas en la COPE.
Ahora bien, si lo que se quiere es aplicar un progresismo político a la Iglesia para que se acepten temas como el aborto, la eutanasia y cosas por el estilo, pues entonces es comprensible (se comprende más con pena que con otro sentimiento) que no se esté de acuerdo con tal emisora de radio. Pero también, el mismo Cardenal de Barcelona ha dicho algo que resulta esencial en los medios de comunicación: “Hay que decir también que los medios confesionales cristianos o los medios de inspiración cristiana tendrían que ser los primeros en dar testimonio de este sentido ético con fidelidad a los postulados del humanismo cristiano y de la moral cristiana, cumpliendo el ideario que se han dado sin contradecirlo con determinadas actitudes poco éticas y poco cristianas”. Quizá esto pueda utilizarse en contra de la COPE. Sin embargo como lo que se hace, precisamente, en tal emisora de radio, es defender el humanismo cristiano y la moral cristiana no cabe ser utilizado de tal forma. Ahora bien, si lo que se pretende es que el humanismo cristiano sea adaptable y que se avenga a todas las modernidades para que sea aceptado por todos, pues entonces efectivamente, puede ser criticada la COPE. Pero como tal cosa no sucede las críticas han de tener otro origen y tener otra causa. Seguro que no son buenas ni benéficas. Y es que, a veces, existen verdades convenientes. O mejor, que se hace de la verdad una conveniencia, algo muelle.