El error, el fallo, de todo este lío que ha sucedido en Granada y que, seguro, tanto daño ha hecho al mismo sujeto pasivo de aquel, el Sr. Arzobispo de la capital andaluza, ha sido que el origen de la cuestión, (la famosa denuncia) era, como se ha dicho judicialmente, no muy ajustada a derecho.
Lo otro, la posterior manipulación de la noticia, del proceso y de todo lo sucedido desde entonces, sólo ha ido en beneficio del enemigo de la Iglesia, el Maligno. Y muchos han colaborado, propios y ajenos a la Iglesia, a que tal cosa sea posible. Cuando una persona trata de comprender lo que ha pasado en este extraño caso no acaba de entender nada. Al parecer un sacerdote, antiguo archivero de la catedral de Granada denunció al Arzobispo por, según es más que conocido, haber cometido (presuntamente) un delito de coacciones y una falta de injurias.
Sin embargo, si atendemos al fallo definitivo (por irrecurrible) de la Audiencia Provincial de Granada permítanme que, en primer lugar me alegre, profundamente del resultado alcanzado y que, en segundo lugar, esboce una sonrisa por el mismísimo resultado porque es difícil atinar tan poco en la calificación de lo presuntamente cometido.
Aunque luego entraremos en las posibles razones de todo esto, lo bien cierto es que cuando una persona denuncia a otra por la comisión de un delito de coacciones y por la comisión de una falta de injurias y resulta que, al final del iter procesal lo que dice el órgano jurisdiccional es que de lo que se trataba no era de un delito de coacciones (que no había) y que, además, lo que la acusación calificaba como falta de injurias resulta que era (pues prescribió) un delito de injurias... la verdad es que es como para pensarse mejor el ejercicio de ciertas profesiones.
Y, sin embargo, el mismo fallo de la Audiencia de Granada muestra, al fin y al cabo, la inutilidad de todo lo ocurrido (para la acusación) pero lo bien que lo han utilizado los medios de comunicación (y también algunos sectores de la Iglesia) para atacar al Arzobispo de Granada y para hacer lo mismo, es un suponer, con cierta forma de entender la Iglesia que es, precisamente, la que hoy día perdura en España.
Voy a poner un ejemplo de esto que digo.
Para poder escribir este artículo no he tenido más remedio que acudir, en busca de información al buscador que casi todo lo sabe (google) y cuando he intentado hacer tal cosa tratando de encontrar algo que me pudiera servir sobre el resultado final del pleito iniciado por el sacerdote-archivero ¿qué creen que he encontrado?
Pues no. No ha sido la información solicitada, ni siquiera que mucho se informara sobre la sentencia definitiva. Al contrario, un alto tanto por ciento muy elevado de entradas venían referidas a la condena inicial (luego recurrida por el Arzobispo de Granada) del Juzgado de lo Penal número 5 de los de Granada sobre aquellas supuestas coacciones (que no fueron) y aquellas presuntas injurias (que prescribieron) Y esto es algo más que sospechoso.
Todo apunta, pues, a un trato de favor a quien denunciaba a un Arzobispo para que se dijera, como se dijo, que era la primera vez en la historia que sucedía tal cosa; que si tal y que si cual; que vaya con la Iglesia y todo lo demás que siempre se dice cuando se quiere atacar a la Esposa de Cristo con un ánimo, digamos, torticero y, ciertamente manipulador.
Ahora parece que existe un libro titulado “Váyase señor Martínez” que, además de apear del cargo al Sr. Arzobispo de Granada (cosa totalmente inmerecida) procede a acumular sentimientos, seguramente encontrados, en contra del denunciado y, ahora, seguro vencedor de un litigio que ni siquiera tenía que haber comenzado si el sacerdote se hubiera atenido a lo dicho por su Arzobispo y no hubiera intentado, vía judicial, conseguir lo que, en realidad, había perdido.
Se ha dicho que, a lo largo del proceso, el Sr. Arzobispo de Granada se ha encargado de decir muchas veces que perdonaba al sacerdote por los malos momentos que le estaba haciendo pasar.
Sin embargo, en esto, don Francisco Javier Martínez Fernández, pastor de la Iglesia de Granada, ha sido demasiado bueno. Debería saber (si su bondad no se lo impidiese) reconocer en determinadas acciones la mano negra, negrísima, de aquellos que quieren aprovechar toda ocasión para atacar a la Iglesia. Si además, una persona que ocupa cargo tan importante en Granada es, según tengo conocido por algún artículo que no lo ponía demasiado bien, miembro de Comunión y Liberación (o algo así, como se dice aquí http://blogs.periodistadigital.com/elbaronrampante.php/2008/04/25/cristina-lopez-me-insulta-desde-la-cope) ), ya podemos entender que los progres españoles no lo van a ver demasiado bien. Tampoco, por supuesto aquellos que, en la Iglesia, pasan por ser los abanderados de la pobreza manipulada, de las novedades a las que se adaptan sin demasiado problema olvidando, con facilidad, el Magisterio y la Tradición y los que, además, están encantados de tirar piedras contra su propio tejado, pues eso es lo que hacen, precisamente, aunque piensen que atacando a la Iglesia como institución jerarquizada hacen bien a la Iglesia que llaman, con error evidente, de “base”.
Es que, seguramente, la falta malicia que, por cierto, tampoco necesita, le ha causado un grave perjuicio al Sr. Arzobispo. Pero ya sabemos eso de ser astutos como las serpientes y dóciles como las palomas.
Por otra parte, parece que el Sr. Arzobispo de Granada, al que tan mal quieren algunos, va a ser destinado a Roma para cubrir una plaza de responsable de la Biblioteca del Vaticano.
Es posible que allí, entre libros y palabras pueda olvidar, aunque no creo, que algunas personas hacen, muchas veces, de sus ideas políticas una bandería religiosa porque en Granada, como decía la antigua película, todo es posible.
Hasta meter la pata de la manera que se ha metido aún sabiendo que el Maligno iba a sacar provecho de todo eso.