Un vez abierta la campaña de la renta de este año 2008 referida al del año pasado, ha llegado el momento de ejercer de cristianos e, incluso, de llegar a reconocer, por parte de aquellas personas que no lo sean, la labor que la Iglesia católica hace en España.
Por lo tanto, ha llegado el momento de poner la cruz (o, como se dice, la equis) en la casilla correspondiente para que el tanto por cierto aprobado en el nuevo acuerdo entre el Estado y la Iglesia llegue a buen puerto porque estamos seguros que será bien utilizado.
Por eso se trata, sobre todo, de una cruz bien puesta.
Y esto por lo que sigue.
A no ser que una persona esté afectada por un sectarismo notable, cualquiera sabe que la Esposa de Cristo cumple, desde hace, más o menos, 2.000 años, lo que su Fundador dijo e hizo a lo largo de su vida y se ocupa, por tanto, de multitud de sectores que son el primer destino de su acción.
Se ha habilitado, para aquellos que, siendo católicos, desconozcan, a fondo, la situación de la Iglesia y, también, para aquellos que no siéndolo, quieran conocerla, una página web que justifica, demostrando la verdad de las cosas, lo que, ahora mismo o pronto, hay que hacer.
Se dice, en la tal página, que “La razón de ser principal de la Iglesia es el anuncio del Evangelio de Jesucristo a todos los hombres”. Y el anuncio no se refiere, exclusivamente, a la pura transmisión de la Palabra de Dios (en sí muy importante) sino a la puesta en práctica de la misma porque, en verdad, era lo que prefería siempre Cristo: llevar a la vida ordinaria el Evangelio.
Algunos datos que se indican, en www.portantos.es son los que siguen:
“Cerca de 1.400.000 niños que asisten a centros educativos de la Iglesia.
Más de 200.000 inmigrantes en distintos Servicios y Centros.
Los privados de libertad de 77 cárceles españolas.
Más de 50.000 niños y jóvenes de educación especial.
Más de 25.000 huérfanos.
Más de 57.000 ancianos.
La Iglesia trabaja a diario en:
Más de 200 centros hospitalarios, ambulatorios y dispensarios.
876 casas para ancianos, enfermos crónicos, inválidos y minusválidos.
Cerca de 900 orfanatos y centros para la tutela de la infancia. Más de 300 guarderías.
365 centros especiales de educación o reeducación social.
144 centros de caridad y sociales y 300 consultorios y centros para la defensa de la vida y la familia.
147 países donde están cerca de 18.000 sacerdotes, religiosos, religiosas y seglares en misiones.”
Y estas son, eso, algunas cifras que muestran las verdaderas necesidades que tiene, hoy día (al igual que ha tenido a lo largo de su historia) la Iglesia católica y que justifican, más que de sobra, la aportación personal del cristiano al cumplimiento de su deber como piedra vida que la constituye.
Pero, en realidad, y ante las dudas que puedan surgir por parte de aquellas personas que han de manifestar esa voluntad de destinar el 0’7% de sus impuestos a colaborar con la Iglesia (que, para los católicos es, además, un mandamiento, según indica, el número 2043 del Catecismo de la Iglesia Católica: “El quinto mandamiento (ayudar a la Iglesia en sus necesidades) señala la obligación de ayudar, cada uno según su capacidad, a subvenir a las necesidades materiales de la Iglesia)
Por tanto es algo más que una obligación puramente personal pues entra dentro de lo que tenemos como propio los católicos.
También es posible marcar, en el mismo impreso, la casilla de la Iglesia Católica y la destinada a Otros Fines Sociales. En tal caso se destinará el 0’7% de los impuestos de cada cual a la Iglesia Católica y otro 0’7% a los Otros Fines Sociales. Aunque ninguna de tales opciones supondrá, para el contribuyente, un incremento en los impuestos que ha de satisfacer por su contribución al bienestar de la nación.
Repitamos, ahora, la causa de tanta entrega, por parte de la Iglesia, y de la correspondencia que le debemos los católicos y muchos que no lo son:”La razón de ser principal de la iglesia es el anuncio del Evangelio de Jesucristo a todos los hombres”.
Y del Amor que la Buena Noticia lleva implícito se deriva tanta abnegación y tanta perseverancia en tender la mano a quien la necesita.