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Edición Burriana > Piedras vivas

20/04/2008
El hoy de la Iglesia
V.-De la Religión católica
 
Nuestro precioso mundo. El amor de Dios. El Adviento. Un mensaje de amor. Crecemos en familia. La Buena Noticia. Elegir el bien. La vida que da fruto. Una fuerza especial. La familia de la Iglesia. La vida de los cristianos y, para finalizar, La gran fiesta.

Esto que acaban de leer son los títulos de un libro de texto de Religión Católica de 3er curso de Primaria y se enmarca dentro del denominado Proyecto Ruah (que en hebreo quiere decir, esto último, Espíritu) Como se puede apreciar se trata del establecimiento de unos principios y unos valores que resultan, han de resultar, de vital importancia para que la vida en sociedad de las personas que reciben esta especial enseñanza (troncal por excelencia) y, que, con ella, se han de incorporar a la comunidad, sea la adecuada.

Es evidente que cualquiera se pregunta cuál es la razón por la que, desde el Gobierno de Rodríguez Zapatero, se trata de dificultar todo lo posible que aquellos que están legitimados, legal y humanamente, para escoger la formación religiosa y moral, es decir los padres, tengan las mayores dificultades posibles para hacer efectivo ese derecho pues no se puede decir que no haya normas que lo contemplen como tal.

Por ejemplo, la vigente Constitución Española de 1978, en su artículo 27.3, dice que “los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”.

Pero al Acuerdo entre el Estado español y la Santa Sede, por ir a algo que sea, digamos, de rango superior en cuanto relación entre Estados, dice que dice (Artículo 2º) que “los planes educativos…incluirán la enseñanza de la religión católica en todos los centros de educación, en condiciones equiparables a las demás disciplinas fundamentales”

Pero, atendiendo a lo que verdaderamente está en juego, la Declaración Conciliar Gravisimus Educationis dice que “la Iglesia aplaude cordialmente a las autoridades y sociedades civiles que, teniendo en cuenta el pluralismo de la sociedad moderna y favoreciendo la debida libertad religiosa, ayudan a las familias para que pueda darse a sus hijos en todas las escuelas una educación conforme a los principios morales y religiosos de las familias”

Es por esto por lo que es tan grave que no se facilite, al contrario de lo que se hace, que los padres escojan y los hijos cursen esa asignatura contra la que, por ejemplo, se ha lanzado otra, la malhadada EpC (Educación para la Ciudadanía) para tergiversar y manipular la realidad. Y esto por lo siguiente: la primera no es obligatoria y se facilita que no se escoja; la segunda es obligatoria y, además, se amenaza con graves males en caso de no cursarla lo cual es, en sí mismo, algo deleznable y, también, triste y, por último, algo de lo que se ha hablado, ya, bastante pero de lo que, seguro, se seguirá hablando.

Tal es así que cuando el Secretariado de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal Española ha titulado, la campaña 2007-2008 el cartel que la acompaña, “Clase de Religión Católica. Un derecho. Un deber. Un don de Dios”, ha acertado plenamente. Además de remachar con un “Apunta a tus hijos”. Nada, pues, más claro; nada más sencillo de entender para todo el destinatario de ese mensaje.

Es un Derecho, pero no sólo porque esté reconocido en un texto legal (en este caso en el propio de la Constitución del 78 ya citado) sino por el hecho de ser anterior, su esencia, a cualquier norma jurídico: la conciencia, educación y educada, es requisito previo, su existencia misma, a cualquier clase de ordenamiento. Por eso es un derecho fundamental.

Es un Deber porque es obligación grave de todo padre el que su hijo construya su concepto de la realidad sobre unas bases claras y no sometidas a los vaivenes de la moda y de lo políticamente correcto. Y esto es objetivo de esta materia que aquí se enseña (no hay más que ver los títulos referidos en el inicio de este artículo)

Es un Don de Dios porque el Creador proporciona, a su descendencia, los instrumentos básicos para que ésta desarrolle una serie de conceptos morales y éticos con los que valerse durante el paso de su vida por este mundo. Una vez descubiertos esos valores no podemos permitir que, primero, se ignore su existencia y, segundo, no se permita, o dificulte, su conocimiento.

Sin embargo, aunque la situación tenga un carácter, por decirlo algo suave, regular tirando a mal, algo podemos hacer. Quizá algo de lo que sigue.

  1. Exigir que la clase de Religión Católica tenga carácter similar al resto de las asignaturas.
  2. Mostrar nuestra contrariedad, de forma efectiva, ante la existencia anual de querer cursar esa asignatura pues al ser un derecho fundamental, éste se ha de cumplir y respetar de oficio.
  3. Plantear, en los centros educativos, acciones tendentes a que se respete la asignatura de Religión Católica.
  4. Exigir, en aplicación del contenido de esa asignatura que durante la Cuaresma, por ir a algo práctico, se sirva un menú adecuado a las creencias católicas.
  5. Exigir que la asignatura que se ofrezca como correspondencia a la de Religión Católica tenga un contenido relativo a lo religioso.

Esto por dar algunas ideas. A cualquiera se le puede ocurrir plantear otras muchas.

Por eso, no cabe desazón ante la situación que se plantea vez tras vez sino, al contrario, con el tesón más grande posible, permanecer al frente de ese Derecho, de ese Deber y de ese Don de Dios. No obstante es lo que va a garantizar, a la sociedad, un futuro mínimamente digno.

 

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