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Edición Burriana > Piedras vivas



18/04/2008
Benedicto XVI-EEUU
II.- Las cosas claras
 
Era muy esperado el encuentro que Benedicto XVI iba a tener con los obispos de los Estados Unidos de América en el santuario nacional de la Inmaculada Concepción de Washington. Esto sucedió hace dos días, el pasado miércoles 16 de abril.

Y, claro, teniendo en cuenta la forma de ser del Santo Padre no se podía esperar otra cosa que la que sucedió.

Sin embargo, es muy posible que se pueda pensar que lo que allí se dijo no ha de tener, por decirlo así, aplicación ninguna al resto del mundo porque, al fin y al cabo se puede decir que se trata de problemas de la Iglesia Norteamericana.

Pues es bien cierto que quien crea tal cosa está, es la verdad, tremendamente equivocado porque cuando un Papa habla no hay que tener en cuenta (aunque se refiera a temas particulares de lugares particulares) dónde se encuentra sino, lo que es más importante, lo que dicen porque tales palabras y expresiones valen para toda la humanidad (y digo “toda” y no sólo para la católica)

Por ejemplo, por si alguien tenía alguna duda sobre el sentido del viaje que estaba, y está, realizando, dijo que su visita pastoral “es una ocasión para reforzar ulteriormente los vínculos de comunión que nos unen”

No hay, por tanto, que concluir e, incluso pensar antes de tiempo, que Benedicto XVI ha acudido a EEUU a, únicamente, reprimir con dureza los casos graves de abusos sexuales en los que se hayan visto implicados miembros del clero católico norteamericano. Aunque, lógicamente, ha tratado este tema con no menguado ánimo correctivo de tales conductas, también tenía otras muchas cosas que decir.

Pero, para que no quede duda alguna abierta, en cuanto a lo puramente referido a los asuntos delincuenciales, dijo que “¿Es acaso coherente profesar nuestra fe el domingo en el templo y luego, durante la semana, dedicarse a negocios o promover intervenciones médicas contrarias a esta fe? ¿Es quizás coherente para católicos practicantes ignorar o explotar a los pobres y marginados, promover comportamientos sexuales contrarios a la enseñanza moral católica, o adoptar posiciones que contradicen el derecho a la vida de cada ser humano desde su concepción hasta su muerte natural?”

Y es, tal cosa, una “vergüenza” como él mismo dijo en el avión que le llevaba a aquellas tierras americanas y realidad que ni él mismo entendía porque no es entendible que alguien que se dice hijo de Dios y que conoce a la perfección la Ley del Creador pueda llevar a cabo ciertas conductas muy contrarias a toda norma divina.

Pero como no todo iban a ser, en aquel Discurso, referencias a lo dicho (porque otros temas hay, también, muy importantes que considerar en EEUU y en el resto del mundo) no faltaron referencias, por una parte, al sentido mismo de la religión y, también a lo que, digamos, viene a ser la parte práctica de saberse cristiano a lo que, al fin y al cabo, llamamos “unidad de vida” (o sea que se haga lo que se dice que se es o aquel ya muy conocido “sí donde sea sí” de Cristo)

Así, sobre lo que el moderno sentido de lo religioso (que es casi nulo, al menos, en nuestra descreída Europa) quieren darle ciertos poderes mundanos y sobre lo que, al fin y al cabo, Benedicto XVI dijo algo que, no por ser ya conocido, podía olvidársele: “Es necesario resistir a toda tendencia que considere la religión como un hecho privado. Sólo cuando la fe impregna cada aspecto de la vida, los cristianos se abren verdaderamente a la fuerza transformadora del Evangelio”.

Y es que el sentido de privacidad de lo religioso no se quiere, o pretende, que sea en lo interior e íntimo sino, muy al contrario, que no tenga reflejo en la sociedad, en el ser social, en el que los cristianos vivimos, sufrimos y amamos. No.

Lo que, en realidad, se quiere (aplicando el relativismo y nihilismo actual que tanto daño hacen al ser humano inconsciente de lo que le sucede) es que lo que es la doctrina de Jesucristo y, al fin y al cabo, la Palabra de Dios, no se aplique en la vida ordinaria de cada cristiano. De esa forma, fácilmente se puede manipular a la persona que dejaría de sentirse libre y dotada de una dignidad que Dios le entrega, como don, en el mismo momento de la fecundación.

Pero como los mandamientos de Dios, los de la Iglesia, el contenido del Catecismo de la Iglesia Católica y del Magisterio de la Iglesia no pueden ser realidades que queden, por así decirlo, en el aire de la teoría sino que, al contrario, de han de ver reflejadas en el común vivir (de aquí que se pretenda todo lo inverso), Benedicto XVI no tuvo más remedio (es obligación grave el hacerlo) fijar su atención sobre ciertos comportamientos que no pueden ser de recibo.

Así, les dijo a los Obispos pero, seguramente, no dirigido sólo a ellos sino al común de los católicos, que cómo es posible no “sentirse desconcertados al observar la rápida decadencia de la familia como elemento básico de la Iglesia y de la sociedad”

¿Y en qué se puede apreciar lo que dice el Santo Padre sobre lo que, en realidad, no es, sino, una perversión de la fe?

Por ejemplo, “El divorcio y la infidelidad están aumentando, y muchos jóvenes hombres y mujeres deciden retrasar la boda o incluso evitarla completamente. Algunos jóvenes católicos consideran el vínculo sacramental del matrimonio poco distinto de una unión civil, o lo entienden incluso como un simple acuerdo para vivir con otra persona de modo informal y sin estabilidad”.

Y esto se resume, fácilmente, en decir que la comodidad espiritual no es buena para nadie. Pero aún lo es menos para aquellas personas que se reconocen católicas porque existe una obligación grave de cumplir ciertos mandatos y de llevarlos a cabo contra viento y marea aunque el viento y la marea sean muy fuertes. Más fuerte era la tormenta en el lago cuando los apóstoles despertaron a Jesucristo y éste los salvó de sus miedos.

Y, sin embargo, lo único que parece haber tenido importancia de todo el Discurso es lo referido a la pederastia mientras que se ha silenciado, en aquellos espacios de los medios de comunicación donde ha aparecido (al menos en muchos de ellos) algunos aspectos como, por ejemplo, la citada necesidad de cumplimiento de la doctrina católica.

Y es que, muchas veces, la ceguera es demasiado evidente y penosa.

 

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