Paola Bredda tenía 38 años. Cuando le diagnosticaron un cáncer en un seno tenía que tomar una decisión grave aunque parece que, para ella, no hubo dificultad alguna: su vida o la vida del hijo que llevaba dentro era lo que estaba en juego.
Tomó la que, seguramente, muestra como la Buena Noticia, el Evangelio, puede hacerse real incluso en este tan descreído siglo XXI.
Dice Juan Pablo II Magno, en su Encíclica Evangelium Vitae que “En la aurora de la salvación, el nacimiento de un niño es proclamado como gozosa noticia”. Así lo recoge el evangelista Lucas: “Os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor” (Lc 2, 10-11) (EV 1)
Pero, en determinadas ocasiones, el gozo por el que una persona venga al mundo va acompañado del dolor que supone que aquel ser que lo ha llevado en su seno tenga que, a la vez o, como es el caso, al poco tiempo, entregar su vida a cambio.
Y esto, se diga lo que se diga, no es, sino, el mismo Evangelio hecho carne.
Por eso, Paola Bredda, de 38 años, tuvo que pensar por dos y, sobre todo, decidir por dos. Tenía, evidentemente, la opción de someterse al tratamiento contra el maligno cáncer con lo cual podría haber salvado su vida. Sin embargo, era conocedora (seguro que fue informada de ello) que, de ser así, podría haber dañado de forma irreversible, la vida de Nicola, el niño que esperaba tener.
Es probable, incluso, que le ofrecieran la posibilidad de abortar y de iniciar su tratamiento contra el cáncer porque ya sabemos que, en casos como éste siempre aparecen las personas “bienintencionadas” que no quieren que la salud de la madre se quebrante aunque sea a costa de la vida del hijo que puede llegar a nacer.
Y Paola Bredda, de 38 años, tomó una decisión que ha servido para que se le llama “madre coraje” porque, con franqueza hay que reconocer que hay que tener tal actitud en la vida ante determinadas situaciones como para mantenerse firme en la defensa de la vida y no caer, cosa que hasta podría haberse comprendido, en la solución fácil de decretar el final de la vida de Nicola.
Bien dijo Jesucristo que “Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos” (Jn 15, 13). Por tanto, ¡cuánto más amor supone dar la vida por un hijo!
Por eso este particular caso es aplicación práctica del Evangelio; Evangelio hecho carne, realidad palpable que nadie, que no esté completamente ciego, puede negar.
En la homilía, Monseñor Corrazo Pizziolo (Obispo de Vittorio Veneto) dijo que “Esto lo ha hecho Jesús, y el Evangelio que Él ha vivido por nosotros, es lo que vemos actuado en la vida de nuestra hermana”. Y eso es lo que hizo Paola Bredda, de 38 años.
Pero aún dijo algo que también es importante destacar. Monseñor Pizziolo entendía que “Estamos aquí para agradecer no la muerte de Paola, sino su vida, que ha sido un don" que "para tantas personas, sus seres queridos, el marido, los hijos, ha dado la vida”.
Y es que, al fin y al cabo, “Necesitamos estos hechos porque nuestra fe corre el riesgo de estar hecha de palabras. Necesitamos hechos del Evangelio como éste para darle contenido, para concretar nuestra fe". Con estas palabras, el Obispo italiano, en una homilía que debería ser recordada por lo que de importante tiene un caso como el que nos toca mostró la necesidad que, hoy día, hay de demostraciones de fidelidad a unas creencias.
Es cierto que en el presente que nos ha tocado vivir lo espiritual tiene, digamos, una fama no muy reconocida; que, hoy día, en una sociedad tan materialista como la que abunda casos como el de Paola Bredda, de 38 años, son extraños porque es extraño que el sentido evangélico se lleve hasta sus últimas consecuencias (sorprende que, como dijo Jesús, donde sea sí sea sí) y, lo que es peor, que, incluso se vea este caso tan especial como la aplicación de una doctrina que pueda considerarse “fanática”.
Sin embargo, no es menos cierto que Paola Bredda, de 38 de edad, nos ha dado un claro ejemplo de entrega a los demás y de ella hemos de aprender, al menos lo que podamos, aquellas personas que, estando en el mundo no llegamos a comprender el verdadero sentido de lo que nuestra fe significa y de lo que la defensa de la vida ha de tener como consecuencia.
Aquí ha vencido el amor y, por mucho que se quiera defender otra cosa, eso es lo que ha pasado.
Gracias, Paola Bredda, por darnos esta gran lección.
Enviado el 17/04/2008 a las 10:44:29 desde la IP 81.36.247.xxx
buenos dias, me ha sido muy grato el leer el articulo que ha publicado, si todos hicieramos lo que Paola hizo, el mundo iria de otra forma, espero que lo que ha escrito lo pueda leer mucha gente, y que piensen que Dios está en cada uno de nosostros, y si acudimos a El, en la oración no nos defraudara, me despido de vd. con un hasta mañana si Dios quiere. un saludo.