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Edición Burriana > Piedras vivas

07/04/2008
¡Qué moral tan inmoral!
 

El que esto escribe hace casi un mes dejó de hacerlo de asuntos políticos porque, francamente lo digo, era bastante asqueante hacer tal cosa. Tener que referirse a individuos como Rodríguez Zapatero, Pepe Blanco, Rubalcaba y toda la tropa socialista le deja a uno exhausto aunque hay que reconocer que, como fuente de desgracias, valen un potosí y facilitan mucho el trabajo.

Sin embargo, cuando inicié la escritura de artículos de cariz religioso no pude, ni puedo ni debo, olvidar que, en muchas ocasiones, desde algunas opciones políticas (más de las que se pueda creer o parecer) se plantean discursos que van, abiertamente, contra lo religioso en general y lo católico en particular.

Aquí tenemos, por ejemplo, un claro caso de falta de moral y, sencillamente, de una moral muy inmoral.

Francisco J. Laporta, que es catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid se permitió el lujo de perpetrar un escrito, que publicó el diario “ El País” el pasado 4 de abril y cuyo título era “Moral de laico”.

Como bien sabemos desde posturas ideológicas de izquierdas se pretende sustituir la religión y hasta los sacramentos por otra cosa que sea una especie de culto al Estado y a lo público y, también, ya puestos a hacer barbaridades, se crean ceremonias para sustituir a los bautizos, a las comuniones, etc. aplicando el “todo vale” que tanto daño hace a la humanidad y al ser humano.

Aquí también el autor del artículo del que tratamos ha intentado hacer lo mismo. Como se suele hablar muchas de veces de la moral “religiosa” (“!como si pudiera haber otra cosa¡) al buen hombre no se le ha ocurrido otra cosa que escribir sobre, claro, una moral “laica”. Y es que algunas personas no tienen muy claro el sentido básico de lo moral y de lo que esto implica.

Pues bien, como siempre viene muy bien repartir mandobles a siniestro (aquí no hay diestro sino todo es torticero e izquierdoso) a la Iglesia y, sobre todo y de paso, a todo creyente que en el mundo (aquí, España) haya, pues se ha dedicado a tergiversar un poco por si siembra algo de discordia.

El principio del artículo muestra, claramente, cómo es el resto. Dice que “Empieza a ser irritante el tono de superioridad moral con que muchos de los fieles de cualquier confesión o credo y las jerarquías religiosas que los propagan han dado en mirar a quienes adoptan ante la convivencia civil y la enseñanza una postura agnóstica y laica”.

Lo que sí que irrita a cualquiera que tenga un mínimo sentido de la moral es que desde ideologías contrarias a lo religioso se trate de imponer manu lege su modo de pensar a todos los que no entiendan el mundo como ellos lo entienden. Bien sabemos que la Iglesia no puede obligar a nadie a pensar de una forma distinta a como piense y también sabemos, muy bien, que el Estado sí que tiene muchas posibilidades (sobre todo desde la educación) de influir en las mentalidades de millones de alumnos. Ahí tenemos Educación para la Ciudadanía (EpC), por ejemplo.

Achaca, este autor, a la Iglesia muchos de los males que en la humanidad han sido. Olvida, siendo eso falso, por otra parte, los que ha ocasionado la ideología fundada en la sola razón que desde la Revolución Francesa ha empantanado al mundo en una serie de ideologías perversas y causantes de millones de muertos.

Le ruego que se lea la Encíclica Fides et Ratio (De Juan Pablo II) por si es capaz de aprender algo sobre la relación entre la Fe y la Razón. Aunque, francamente lo digo, no espero nada bueno de tal intento.

Pero es que, en el máximo de la presunción dice, nada más y nada menos, que “me propongo reivindicar la superioridad moral del laico sobre el creyente”.

En realidad lo que quiere es establecer dicha superioridad porque “reivindicar” lo que se dice reivindicar porque, en realidad, tendría que haberse perdido tal superioridad para, ahora, volver a demandarla. Es que eso es lo que quiere decir la palabra “reivindicar”, querer que le se devuelva lo que era de alguien antes.

Pero tales sutilezas, quizá, no se puedan pedir a alguien que trabaja con tales clichés viejos y gastados. Él no quiere pedir nada sino, al contrario, imponer lo que él denomina “moral laica”.

Sabemos, por otra parte, que, en esencia, “moral” es lo “Perteneciente o relativo a las acciones o caracteres de las personas, desde el punto de vista de la bondad o malicia”.

Por tanto es evidente que la “moral laica” que pretenden imponer los sectores izquierdistas de la sociedad española es, por eso mismo, inmoral porque es mala y actúa, sobre todo, con malicia, con abuso de poder y con aprovechamiento de una sociedad adormecida.

Por otra parte, el Sr. Francisco J. Laporta es catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid. Es una pena que no tenga en cuenta autores como Sto. Tomás de Aquino o S. Agustín, que también caen dentro de su ámbito de trabajo.

Cierta Filosofía del Derecho es, sólo, una falta de derecho a la filosofía.

Alguien ha venido, por otra parte, a apoyar, un poco, lo que decimos. Juan José Romero, en su Blog http://blogs.religionenlibertad.com/delapsis ha dejado algo escrito que nos da, seguramente, una pista grande de por dónde van las cosas: “Creo que en breve nos veremos sometidos a la típica campaña tostón sobre laicidad, lo malos que son los curas y que los que presentan la objeción para cursar EpC son los Obispos.”

Pues eso. Más claro agua: laicismo puro en primera, o segunda, efervescencia.

Esperemos, por la cuenta que nos tiene, que la espuma desaparezca pronto aunque yo, francamente, no lo creo.

Los ingenieros de almas, en la izquierda, siempre han tenido un gran predicamento y, aunque el artículo en cuestión merecería una serie de artículos que rebatieran las barbaridades que dice tengo que decir, con gozo, que el tiempo del que esto escribe no puede ocuparse, sino lo justo, de una maldad tan carca como ésta.

Vale.

 

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