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Edición Burriana > Columna de Michel

24/12/2007
Una columna de admiración, respeto... e incomprensión para “El Espectador”
 

Por vez primera desde que colaboro en este medio, me voy a permitir alabar, elogiar, y reconocer la capacidad y nivel intelectual de una persona a la que no tengo el placer de conocer, pero que suele deleitarme con sus escritos.

Me refiero a ese señor que suele firmar con el seudónimo de “EL ESPECTADOR”, y que sólo muy de tarde en tarde suele deleitarnos con sus colaboraciones. 

Por  su nivel intelectual, por su formación y por lo bien que argumenta y razona sus posiciones, se hace mil veces más acreedor que  la mayoría de quienes colaboramos con nuestras columnas en este periódico digital, y sin embargo apenas nos da oportunidad de enriquecernos con sus comentarios.

Por supuesto que en los criterios fundamentales no opino como él, pero  eso no es ningún obstáculo para leerle, para tratar de entenderle y para aplaudirle por su sensatez, su higiene democrática y su forma de presentar sus opiniones y comentarios. 

Me ha criticado en algunas ocasiones y no le han faltado razones para hacerlo, aunque si hubiese visualizado las cosas como yo las he visualizado, quizás me hubiese entendido como yo le entiendo a él.

Desde hace tiempo venía pensando en dedicarle una columna, pero hoy, al leer en el Vox Populi sus razonamientos sobre la Intolerancia, he pensado que ya era el momento de hacerlo. 

Definitivamente un sobresaliente por su exposición, pero lamento no poder compartir con él el silencio ante la injusticia, ante los errores de gobierno a consciencia, ante las barbaridades sufridas en la legislatura que está a punto de cerrarse, en base a unos criterios políticos que al menos a mí me revuelven el estomago, y por esa sencilla razón, lo que para él parece ser Intolerancia, para mí no es ni más ni menos que exigencia de la estricta Justicia.

Intuyo que si por la forma en que se manifiesta se le hubiese presentado la ocasión de manifestarse durante el Gobierno de Aznar, él hubiese sido mucho más tolerante que yo lo soy ahora, con los temas del Prestige (un simple accidente) o de la supuesta participación de España en la Guerra de Iraq (una guerra a la que sólo llegó España después de terminarse y con ayuda médica) y a cuya paz se incorporó, para estabilizar una zona determinada de IRAQ. 

Pero como es eso sería entrar en la ciencia ficción, de prejuzgar lo que nunca se dio, lo que sí me encantaría es que este señor, de cuya capacidad intelectual y buena voluntad no me cabe la menor duda, dejase a un lado ese antifaz protector de EL ESPECTADOR, para desvelarnos su personalidad, y permitirnos admirar a la  especial persona que se oculta tras ese sinónimo.

No está escrito con ninguna doble intención. 

Se lo aseguro.

Es cierto que me merece todo el respeto del mundo por su templanza, por su formación y por su categoría intelectual, y lo único que lamento es no poder decirle personalmente y cara a cara lo que me veo obligado a decirle por este medio. 

Como verá, no siento ninguna aversión hacia la izquierda ni hacia las personas con esas creencias.

Es más, si me quitara el barniz  adquirido por el paso de los años, y la izquierda española dejara de ser anticlerical, y en vez de exigir una  Ley de Memoria Histórica se hubiese apresurado a disculparse ante la Iglesia Católica por todas las atrocidades que le hizo durante la Guerra Civil, y todos los asesinatos llevados a cabo contra el clero, los religiosos y los creyentes en aquellos malditos años, quizás no me importaría ser de izquierdas, porque en mi escala de valores, la solidaridad, la igualdad y la justicia ocupan un sitio muy importante. 

Para quienes nos gobiernan ahora y que se denominan de izquierdas, seguro que mucho menos, ya que así me lo han demostrado.

Nada más que comentarle muy señor mío. 

Mi mayor admiración y respeto por todos los valores suyos, que los merecen.

Mi sorpresa e incomprensión por el hecho de que una persona con sus condiciones y formación tenga que ampararse en un seudónimo.

 

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