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La élite del gremio de artistas falleros se reúne alrededor de una mesa redonda en la I Semana Cultural Fallera

La élite del gremio de artistas falleros se reúne alrededor de una mesa redonda en la I Semana Cultural Fallera
  • El debate que abrió la mesa analizó esta tradicional profesión desde muy diversas perspectivas

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“El monumento fallero, entre el arte y la profesión” fue la temática central que se analizó en la tarde de ayer en los salones de la sede social de la Caja Rural, dentro del marco de la I Semana Cultural Fallera organizada por la Federación de Fallas de Burriana (FFB). El acto, que forzosamente tuvo que retrasarse unos minutos, contó con la destacada presencia de las Reinas Falleras de Burriana, Sara Ros y Rocío Tormos, como embajadoras de la fiesta, el presidente de la FFB, Javier Diago, el presidente de la Junta Local Fallera, Pedro Sancerni, y destacadas personalidades de la profesión o el gremio, como el consagrado Pepet o el galardonado Sergio Edo, así como aficionados burrianenses y de localidades vecinas. Entre los ponentes, se encontraban destacadas personalidades del gremio que consiguieron que la temática a tratar resultara si cabe más interesante; así pues tuvieron su turno de palabra Javier Fernández (1er premio sección especial de Junta Central Fallera, acostumbrado a plantar en la cúpula del cap i casal), Paco López (artista consagrado que cuenta en su haber con tres primeros premios en sección especial), Vicente Martínez (“chico de oro” del gremio destaca por su actividad denotadamente vanguardista, burrianense que ha conseguido el primer premio en Hogueras los dos últimos años y hasta el 5º premio en sección especial en Valencia), Xavi Ribes (presidente del gremio y artista burrianense) y José Mª Castellblanque, “Cate”, y Rosa (famosos por sus elaboradas fallas infantiles).  Manuel A. Zarapico, destacado periodista de la revista Actualidad Fallera, fue el encargado de moderar la mesa aportando a la misma su perspectiva como periodista entendido en la materia.

Se daba inicio a la sesión haciendo una bonita reflexión a cerca del título del cargo que ocupaban los ponentes: Artistas, porque hacen arte y así entienden su trabajo, y falleros, en palabras de Zarapico, el mejor apellido posible para esta profesión. Se planteó la complicidad de definir el término y acertó el moderador en sus cuidadas preguntas iniciando el debate frente a la dicotomía empresarios o artistas. Frente a la cuestión hubo prácticamente unanimidad haciendo ver que, a pesar de que cobran y por una cuestión de supervivencia no pueden dejar de hacerlo, no se busca la rentabilidad empresarial –la cual sería inviable económicamente para las fallas u hogueras- sino que como dijo Paco López “obramos más con el corazón que con la cuenta corriente […] al fin y al cabo, cuando tienes una idea y quieres plasmarla buscas llevarla a cabo sin importarte la cuestión económica porque te nace de dentro”. Curiosa fue también la intervención de Xavi Ribes en relación a este dilema: “he estudiado empresariales y he trabajado en una empresa pero la cabra tira al monte, lo que llevaba dentro pesó más”, “podríamos decir que tenemos las obligaciones de una empresa y la locura de un artista”, añadía Cate.

Tras este interesante planteamiento se dio una seguida de cuestiones que embaucaron al público, crearon debate y fueron del interés de los presentes, tales como la valoración del trabajo por parte de los falleros, la influencia de la crisis en el trabajo de los artistas falleros o la existencia de cultura fallera en el cliente potencial –las fallas u hogueras-. El punto que más controversia suscitó fue la exposición pública a la que está sometido el trabajo de estos profesionales, víctima de críticas en muchas ocasiones malintencionadas, así como los sistemas de votaciones a los que se someten en los diferentes concursos en los que participan, bien sean a base de jurado profesional –como en Valencia- o jurado popular –como en Burriana-. Al respecto de esta última cuestión se centró principalmente la ronda de preguntas llegándose a mencionar un símil a tener en cuenta entre el cine y el mundo fallero. Así, al igual que los artistas de la academia son los que premian las películas como entendidos en la materia, se proponía desde el público que fuera una “academia de artistas” la que se encargara de dar sus propios premios para que se valorara realmente la calidad de este trabajo. Frente a ello se planteó, cómo no, la subjetividad a la que está sometida esta profesión por tratarse justamente de un arte de tal calibre en el que entran en juego técnica y valoraciones personales.

Se cerraba esta intensa mesa con el planteamiento de la digitalización como futuro de la profesión, que a pesar de la tradición arrelada de la técnica con barro y cartón, debe modernizarse y avanzar. Así mismo se planteaba la necesidad de que se valore su trabajo más allá de la subjetividad individual para no desvirtuar un y trabajo que tal y como marcaba el tema central del debate, se halla a medio camino entre la profesión y el arte.

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