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25/11/2010 | elperiodic.com  

Francisco Figueres Pacheco, hijo predilecto de la ciudad de Alicante

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Hablar de Alicante y, en especial, de sus orígenes, es hablar de un hombre que con sus estudios y trabajos consiguió dar luz a nuestro pasado. Un pasado tan confuso y oscuro como la propia vida que le tocó vivir. Hoy, todos los aquí presentes somos un poco menos huérfanos gracias al doctor Francisco Figueras Pacheco, gracias a su tesón y su dedicación…, pero, sobre todo, somos menos huérfanos gracias a la llama palpitante que encendió en nuestra Historia arqueológica y cultural.

Francisco Figueras Pacheco nació el 13 de Diciembre de 1880, curiosamente festividad de Santa Lucía, patrona de los ciegos. No en vano, el propio Cronista, que quedaría ciego a una edad temprana, decía en sus Memorias: “Algún encantador que, indudablemente, me tenía entre ojos, dejó a oscuras los míos, mientras yo, con la sonrisa en los labios, aunque retorciéndome por dentro, asistía al doloroso espectáculo que me brindaba la Naturaleza ocultando, poco a poco, toda la gama de colores bajo un inmensa pincelada negra”.

Aquel hombre, cuyo instinto de superación, fuerza de voluntad y capacidad de trabajo debería constituir un ejemplo para nosotros, investigó y trabajó durante toda su vida, dando rienda suelta a sus sueños personales y encaminándolos hacia la poesía, la ciencia, la arqueología, el ensayo y, sobre todo, el amor hacia Alicante.

Él mismo reconoció que su vida nunca fue un camino de rosas. Huérfano de madre con solo 5 años, descubriría con la ceguera de su padre una enfermedad que él mismo padecería progresivamente en su adolescencia, desde los 16 hasta los 18 años, momento en que perdería completamente la visión. Ese obstáculo, que para cualquier persona hubiera constituido una barrera casi insalvable, nunca cegó su alegría, su temperamento y su extroversión. “Yo sé de sobra que las vidas oscuras (y ninguna lo es más que la de un ciego), no pueden interesar a nadie. De mi pasado puedo contar media docena de fruslerías, que todas juntas no valen un comino, ni aun en los tiempos presentes, que todo vale tan caro".

Con 14 años, Figueras Pacheco se matriculó en el Instituto de Bachillerato alicantino, en donde coincidió con Gabriel Miró, su amigo y confidente fiel durante toda la vida. “Dios hizo el espíritu de Francisco de un solo diamante, elegido y bellísimo, dándole la luminosa transparencia al cerebro y la firmeza heroica al corazón”, escribió Miró.

Terminada su formación elemental, se marchó a Valencia para ingresar en la Facultad de Derecho, estudios que tuvo que paralizar temporalmente al diagnosticarse su ceguera galopante. Sin embargo, en lugar de amedrentarse, fundó la revista “El Íbero” y asistió a innumerables tertulias con artistas y eruditos de la talla de Adelardo Parrilla o Domingo Carratalá. Su carácter bien le ayudó a ello: “Desde la cuna, comencé a dar pruebas de mi genio un poco fuerte, cualidad que, medianamente dominada, no me pesa, porque, al fin y al cabo, se convierte fácilmente en fuerzas para soportar las adversidades o allanar obstáculos”.

Unos años más tarde, superado el golpe de su enfermedad, prosiguió sus estudios de Derecho, licenciándose en 1907 gracias a la ayuda de su hermana pequeña, Matilde, que le leía los libros de texto, apuntes, manuales y códigos, hasta que Francisco era capaz de recitarlos de memoria. Su culminación educativa llegaría con la obtención del doctorado en la Universidad Central de Madrid, con la tesis (leída en voz alta) “Filosofía de la guerra”, en 1910.

Aunque nunca se le permitió optar a Cátedra, precisamente por su minusvalía, Francisco siguió estudiando toda su vida, demostrando con su tesón y esfuerzo que no hay más trincheras o empalizadas que aquellas que nosotros mismos nos erigimos. Prueba de ello son los innumerables títulos y cargos que Figueras desempeñó a lo largo de su vida, siempre de una manera excepcional y sobresaliente: miembro de la Real Academia de Historia, Geógrafo, Arqueólogo, miembro de la Institución Fernán González, miembro del Instituto de Estudios Alicantinos, miembro de la Institución Alfonso V el Magnánimo, miembro de lo Rat Penat, miembro de la Comisión Provincial de Monumentos…

Pero, en especial, Cronista Oficial de la ciudad de Alicante. D. Rafael Viravens i Pastor, anterior Cronista de la villa, había fallecido el 15 de marzo de 1908. Pronto sonó el nombre de Figueras para sustituirle, siendo el más joven de la historia en ostentar dicho cargo. Sus esfuerzos y méritos comenzaron a reconocerse desde bien pronto.

Sin embargo, Figueras dio un giro a su vida gracias a la oportunidad que le brindó el encargo de realizar el volumen correspondiente a Alicante (unas 1.200 páginas), de la “Geografía Regional del Reino de Valencia”. Se trataba de un exhaustivo estudio geográfico-histórico-arqueológico, ámbitos en los que habría de discurrir su vida profesional a partir de entonces y que marcaría todo el devenir histórico de nuestra ciudad, sentando las bases de nuestra realidad y abriendo nuevas facetas de estudio para las generaciones futuras de arqueólogos. Lejos quedaban ya los días en los que su propósito en la vida era “comprar libros viejos, oír buenos sermones o ir al teatro”.

El arqueólogo Lorenzo Abad contaba de él una curiosa anécdota: “Cuentan la enorme impresión que les produjo que Figueras, ciego desde muchos años antes, dirigiera y explicara personalmente a los asistentes a un Congreso de Arqueología, la visita de las excavaciones del Tossal de Manises, dirigiéndose en primera persona a todos sus acompañantes: "Aquí vemos…"

Fue el impulsor de una reforma, controvertida y criticada, de las siglas del escudo de Alicante. En ella, negó las iniciales del Escudo "I.C.A.I.", porque sería a la ciudad de Elche a quien corresponderían por su significado: “Colonia Iulia Ilice Augusta”. Consecuentemente, propuso "A.L.L.A" para reemplazarlas: “Acra Leuca, Lucentum, Alicante”. Éstas fueron aprobadas por el Ayuntamiento de Alicante en el año 1940, manteniéndose intactas hasta el día de hoy.

Desde 1934 hasta el estallido de la Guerra Civil Española, que supuso un paréntesis en su labor y estudios, trabajó como arqueólogo en las excavaciones oficiales de la Albufereta (Tossal de Manises), El Campello (Illeta dels Banyets) y Jávea. Cuenta la arqueóloga sueca Dña. Solveig Nordstrom, coetánea de Pacheco, “que en ocasiones, algunos de los peones de la excavación seleccionaban previamente algunas cerámicas, porque según su tacto y textura, podía distinguir la época a la que pertenecían. Si éstas cuadraban con las conjeturas que planteaba Figueras sobre el origen del yacimiento de Lucentum, se alegraba mucho. Y así, a veces se le daban más unas que otras, para que tuviera mejor humor”.

De ideología republicana, como otros muchos intelectuales alicantinos de la época, dio su apoyo a un cambio pacífico de régimen, que desembocó en la proclamación de la II República. Su amistad con Niceto Alcalá Zamora y sus conferencias en el Ateneo, del que también fue Presidente, fueron su contribución personal más destacada al establecimiento de un régimen democrático y parlamentario.

La Guerra Civil supuso un triste paréntesis para Francisco. Recluido prácticamente en su domicilio, se le permitió construir un pequeño refugio antiaéreo para proteger todas las piezas arqueológicas que había extraído durante sus numerosas excavaciones, dedicándose en esos años a clasificarlas y redactar sus obras futuras. Pero ahí no acabaron sus desgracias: al acabar la contienda, nuestro Cronista se vio inmerso en un expediente de responsabilidades políticas en el que se le acusaba de ser “izquierdista, de augurar el triunfo mundial de la democracia, de haber sido candidato a Cortes en 1931 y de ser amigo del primer Presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora”. Gracias a la ayuda del entonces Alcalde de Alicante, el falangista D. Agatángelo Soler, el expediente fue sobreseído en Madrid y pudo conservar su cargo vitalicio de Cronista Oficial.

Fue ese mismo Ayuntamiento y Alcalde, D. Agatángelo, quien en colaboración del que sería años después el sustituto en el cargo de Figueras, D. Vicente Martínez Morellá, el que elevó una propuesta para que la fuera concedida la Medalla de Oro de la ciudad en 1957. D. Francisco dijo: “Trabajo, en efecto, desde mi juventud con la mayor buena voluntad en toda esta clase de investigaciones relativas a la historia de mi tierra natal, pero con ello no hice más que cumplir con mi deber y con mi gusto, sin mirar a más recompensa que la satisfacción de haberme conducido como buen funcionario del municipio y buen alicantino". Tristemente, la Medalla fue paralizada en el Ministerio de la Gobernación. Nunca se le otorgó, ni siquiera a título póstumo.

Durante sus últimos años, Figueras Pacheco siguió trabajando de manera infatigable en la historia de las tierras alicantinas.

Francisco, después de una vida digna de ser contada una y otra vez a las generaciones de Alicantinos que deseen conocer las figuras de las que aprender, falleció un 21 de Marzo de 1960, en una ciudad que trataría de destruir, entre otros, los yacimientos arqueológicos por los que tanto se había sacrificado. Ni siquiera pudo ver la culminación de sus esfuerzos investigadores, cuando un año después de su muerte, el Tossal de Manises fue declarado Monumento Histórico Artístico Nacional, el 24 de octubre de 1961.

El gran arqueólogo Enrique Llobregat escribió de él: “En Figueras, por encima de los resultados, hay que celebrar el amor a la investigación, a la que dedicó su vida, el tesón y el empecinamiento en sobre-montar una pérdida física que a muchos otros habría arredrado a la hora de meterse en investigaciones que exigían lecturas de documentos en letras extrañas, visión de objetos y monumentos totalmente nuevos. Esa es la gran lección que dio a todos: La voluntad investigadora que supera toda piedra en el camino, por grande que sea”.

Hoy, aquellos que hemos sido elegidos democráticamente por todos los alicantinos, tenemos el deber y la obligación de difundir la vida y obra de un hombre que, por desgracia, sigue siendo un completo desconocido para la mayor parte de ciudadanos. Figueras Pacheco es un emblema orgulloso de la ciudad de Alicante, del que todos deberíamos aprender de su instinto de superación, su fuerza de voluntad y su capacidad de trabajo, que se superpusieron a la atenazadora oscuridad de la ceguera, impidiendo que ésta le cerrara las puertas de sus ilusiones. Con el título de “Hijo Predilecto de la Ciudad de Alicante”, homenajeamos al hombre que encaminó todos los pasos de su vida en una única dirección: iluminar con un haz de sabiduría y conocimientos el pasado más oscuro de Alicante.

Hoy, este pleno que presido y en el que me enorgullezco de contar con la presencia de sus familiares, concluye una asignatura que tenía pendiente con D. Francisco Figueras Pacheco, y perpetuamos a las generaciones futuras el recuerdo y la figura de uno de los polígrafos más trascendentales de nuestra historia.

Y para que así sea, no desearía terminar mi intervención sin rememorar uno de sus poemas más bellos, escritos sobre nuestra ciudad: "Dentro de mi pecho, con ser tan pequeño, hay un santuario. Y en él, una capilla para cada una de las provincias españolas. Pero, ¿por qué lo he de negar? En el lugar preferido está Alicante, la de mi cuna, la tierra luminosa, donde se hermanan las cumbres nevadas con los valles floridos y las costas bravas, donde se deshace rugiente el mar con las arenas doradas de playas apacibles... Mi santuario es el de España…; pero en el altar mayor está Alicante"

Gracias a todos.

OBRA
Figueras escribió numerosos ensayos y estudios sobre temas alicantinos, principalmente sobre arqueología en la provincia, derecho consuetudinario y costumbrismo.

Ensayos:
La Universidad Española. Hoy y mañana. (1903)
Los antiguos gremios de la ciudad de Alicante
Alicante y su folclore (1955)
Dos mil años atrás (1959)
Geografía de la provincia de Alicante (1914)
Arqueología levantina: las excavaciones de Alicante (1936)
El altorrelieve de la Albufereta de Alicante (1936)
La Albufereta en el término de Alicante" (1931)
Excavaciones en la isla de Campello (1933)
Panorama arqueológico de Jávea y sus cercanía (1940)
La cueva de la Magdalena: prehistoria en el Montgó (1949)
Alicante bajo los reyes de Castilla: de Fernando III el santo a Fernando IV el emplazado (1951)
El castillo de santa Bárbara (1952)
Las ruinas de Akra Leuka (1954)
El antiguo puerto interior de la Albufereta de Alicante (1954)
Historia del turrón y propiedades del de Jijona y Alicante (1955)
La imprenta en Alicante en el siglo XVIII

Ficción
Improntas levantinas
La Deidad del Sol
Volutas de Fuego

 

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